Facundo
Facundo Pero aun me falta entrar en el vasto campo de la política general de Rosas con respecto a la República entera. Tiene ya su gobierno; Facundo ha muerto dejando ocho provincias huérfanas, unitarizadas bajo su influencia. La República marcha visiblemente a la unidad del Gobierno, a que su superficie llana, su puerto único, la condena. Se ha dicho que es federal, llámesela Confederación Argentina, pero todo va encaminándose a la unidad más absoluta; desde 1835 viene fundiéndose desde el interior en formas, prácticas e influencias. No bien se recibe Rosas del Gobierno{283} en 1835, cuando declara, por una proclamación, que los impíos unitarios han asesinado alevosamente al ilustre general Quiroga, y que él se propone castigar atentado tan espantoso, que ha privado a la Federación de su columna más poderosa. ¡Qué!...—decían abriendo un palmo de boca los pobres unitarios al leer la proclama—; ¡qué!... Los Reinafé, ¿son unitarios? ¿No son hechura de López? ¿No entraron en Córdoba persiguiendo el ejército de Paz? ¿No están en activa y amigable correspondencia con Rosas? ¿No salió de Buenos Aires Quiroga con solicitud de Rosas? ¿No iba un chasque delante de él, que anunciaba a los Reinafé su próxima llegada? ¿No tenían los Reinafé preparada de antemano la partida que debía asesinarlo?... Nada; los impíos unitarios han sido los asesinos, ¡y desgraciado el que dude de ello!... Rosas manda a Córdoba a pedir los preciosos restos de Quiroga, la galera en que fué muerto, y se le hacen en Buenos Aires las exequias más suntuosas que hasta entonces se han visto; se manda cargar luto a la ciudad entera. Al mismo tiempo dirige una circular a todos los gobiernos, en la que les pide que lo nombren a él juez árbitro para seguir la causa y juzgar a los impíos unitarios que han asesinado a Quiroga; les indica la forma en que han de autorizarlo, y por cartas particulares les encarece la importancia de la medida; los halaga, seduce y ruega. La autorización es unánime, y los Reinafé son depuestos y presos todos los que han tenido parte, noticia o atingencia con el crimen, y conducidos a Buenos Aires.