Facundo
Facundo La Gaceta de Rosas se queja hasta hoy de la hostilidad puramente personal de Purvis y otros agentes europeos que favorecen a los enemigos de Rosas aun contra las órdenes expresas de sus Gobiernos. Estas antipatÃas personales de europeos civilizados, más que la muerte de Bacle, prepararon el bloqueo. El joven Roger quiso poner el peso de la Francia en la balanza en que no alcanzaba a pesar bastante el partido europeo civilizado que destruÃa Rosas, y M. Martigny, tan apasionado como él, lo secundó en aquella obra más digna de esa Francia ideal que nos ha hecho amar la literatura francesa, que de la verdadera Francia, que anda arrastrándose hoy dÃa tras de todas las cuestiones de hechos mezquinos y sin elevación de miras.
Una desavenencia con la Francia era para Rosas el bello ideal de su Gobierno, y no serÃa dado saber quién agriaba más la discusión, si M. Roger con sus reclamos, su deseo de hacer caer aquel tirano bárbaro, o Rosas, animado de su ojeriza contra los extranjeros y sus instituciones, trajes, costumbres e ideas de gobierno. «Este bloqueo—decÃa Rosas frotándose las manos de contento y entusiasmo—va a llevar mi nombre por todo el mundo, y la América me mirará como el defensor de su independencia.» Sus anticipaciones han ido más allá de lo que él podÃa prometerse, y sin duda que Mehemet-Alà ni Abdel-Kader gozan hoy en la tierra de una nombradÃa más sonada que la suya.