Facundo
Facundo Se ha repetido de orden de Rosas en todas las Prensas europeas que él es el único capaz de gobernar en los pueblos semibárbaros de la América. No es tanto de la América tan ultrajada que me lastimo, sino de las pobres manos que se han dejado guiar para estampar esas palabras. Es muy curioso que sólo sea capaz de gobernar aquél que no ha podido obtener un día de reposo, y que después de haber destrozado, envilecido y ensangrentado su patria, se encuentra que, cuando creía cosechar el triunfo de tantos crímenes, está enredado con tres Estados americanos: con el Uruguay, el Paraguay y el Brasil, y que aun le quedan a su retaguardia Chile y Bolivia, con quienes tiene todas las exterioridades del estado de guerra; porque por más precauciones que el Gobierno de Chile tome para no malquistarse con el monstruo, la malquerencia está en el modo de ser íntimo de ambos pueblos, en las instituciones que los rigen y las tendencias diversas de su política. Para saber lo que Rosas pretenderá de Chile, basta tomar la Constitución del Estado; pues bien: ahí está la guerra; entregadle la Constitución, ya sea directa o indirectamente, y la paz vendrá en pos, esto es, estaréis conquistados para el Gobierno americano.