Facundo
Facundo La discusión de la Prensa está hoy en todas partes, y{320} para oponer la verdad a tu infame Gaceta, están cien diarios que desde ParÃs y Londres, desde el Brasil y Chile, desde Montevideo y Bolivia, te combaten y publican tus maldades. Has logrado la fama a que aspirabas, sin duda; pero en la miseria del destierro, en la obscuridad de la vida privada, no cambiarÃan tus proscriptos una sola hora de sus ocios por las que te da tu celebridad espantosa; por las punzadas que de todas partes recibes; por los reproches que te haces a ti mismo de haber hecho tanto mal inútilmente. El americanismo, el enemigo de los europeos condenado a gritar en francés, en inglés y en castellano: ¡Mueran los extranjeros! ¡Mueran los unitarios! ¡Eh! ¡Eres tú, miserable, el que te sientes morir, y maldices en los idiomas de esos extranjeros, y por la Prensa, que es el arma de esos unitarios! ¿Qué Estado americano se ha visto condenado, como Rosas, a redactar en tres idiomas sus disculpas oficiales para responder a la Prensa de todas las naciones, americanas y europeas a un tiempo? Pero, ¿adónde llegarán tus diatribas infames que el execrable lema ¡Mueran los salvajes, asquerosos, inmundos unitarios! no esté revelando la mano sangrienta e inmoral que las escribe?
De manera que lo que habrÃa sido una discusión obscura y sólo interesante para la República Argentina, lo es ahora para la América entera y la Europa. Es una cuestión del mundo cristiano.