Facundo
Facundo La historia de la tiranĂa de Rosas es la más solemne, la más sublime y la más triste página de la especie humana, tanto para los pueblos que de ella han sido vĂctimas, como para las naciones, Gobiernos y polĂticos europeos o americanos que han sido actores en el drama o testigos interesados.
Los hechos están ahĂ consignados, clasificados, probados, documentados; fáltales, empero, el hilo que ha de ligarlos en un solo hecho, el soplo de vida que ha de hacerlos enderezarse todos a un tiempo a la vista del espectador y convertirlos en cuadro vivo, con primeros planos palpables y lontananzas necesarias; fáltales el colorido que dan al paisaje los rayos del sol de la patria; fáltales la evidencia que trae la estadĂstica que cuenta las cifras, que impone silencio a los fraseadores presuntuosos y hace enmudecer a los poderosos impudentes. Fáltame para intentarlo interrogar el suelo y visitar los lugares de la escena, oĂr las revelaciones de los cĂłmplices, las deposiciones de las vĂctimas, los recuerdos de los ancianos, las doloridas narraciones de las madres que ven con el corazĂłn; fáltame escuchar el eco confuso del pueblo, que ha visto y no ha comprendido, que ha sido verdugo y vĂctima, testigo y actor; falta la madurez del hecho cumplido y el paso de una Ă©poca a otra, el cambio de los destinos de la naciĂłn, para volver con fruto los ojos hacia atrás, haciendo de la historia ejemplo y no venganza.