Facundo
Facundo El cantor no tiene residencia fija; su morada está donde la noche lo sorprende, su fortuna en sus versos y en su voz; dondequiera que el cielito enreda sus parejas sin tasa; dondequiera que se apure una copa de vino, el cantor tiene su lugar preferente, su parte escogida en el festín. El gaucho argentino no bebe si la música y los versos no lo excitan[22], y cada pulpería tiene su guitarra para poner en manos del cantor, a quien el grupo de caballos estacionados{64} en la puerta anuncia a lo lejos dónde se necesita el concurso de su gaya ciencia.