Facundo
Facundo En el capítulo primero hemos dejado al campesino argentino en el momento en que ha llegado a la edad viril tal cual lo ha formado la naturaleza y la falta de verdadera sociedad en que vive. Le hemos visto hombre, independiente de toda necesidad, libre de toda sujeción, sin ideas de gobierno, porque todo orden regular y sistemado se hace de todo punto imposible. Con estos hábitos de incuria, de independencia, va a entrar en otra escala de la vida campestre que, aunque vulgar, es el punto de partida de todos los grandes acontecimientos que vamos a ver desenvolverse muy luego.
No se olvide que hablo de los pueblos esencialmente pastores; que en éstos toma la fisonomía fundamental, dejando las modificaciones accidentales que experimentan para indicar a su tiempo los efectos parciales. Hablo de la asociación de estancias, que, distribuídas de cuatro en cuatro leguas más o menos, cubren la superficie de una provincia.{67}