La vida de Dominguito
La vida de Dominguito De ahi llevóme de la mano uno de tantos hijos que ha dejado la victima de la protesta impresa, Florencio Várela. El santo que debiera ser del gremio tipográfico, muerto mientras reimprimía la Declaración de los Derechos del Hombre que otros escritores más felices notificaron á Rosas dejando el cedulón sobre su mesa en Palermo el dia tres de Febrero.
¡Estamos todavia por hacer firmar á algún Juan con hartas Tierras la magna carta de la libertad de imprenta!
El sepulcro de la familia Varela es un santuario donde en plantas esquisitas, en flores, orquídeas y enredaderas, se rinde culto al arte en la naturaleza embellecida por el amor patrio, de hijo y de padre.
El sacerdote de este templo que no es de Ceres, ni de Flora, ni de Pomona, sino de la Libertad por la palabra, es un hombre que casi niño se halló en Caseros, que inspiró La Tribuna cuando la espada había vuelto á la vaina, Diputado, Senador, Ministro provincial.
Un dia hubo de negociarse un empréstito para surcar la tierra con rieles y llevar el pensamiento á lo lejos con telégrafos.