El amor y otras pasiones
El amor y otras pasiones De todos los filósofos, es Platón quien se ocupó más del amor, sobre todo en El banquete y en Fedro. Lo que dijo acerca de este asunto entra en el dominio de los mitos, fábulas y juegos de ingenio, y sobre todo concierne al amor griego. Lo poco que de él dice Rousseau en el Discurso sobre la desigualdad es falso e insuficiente. Kant, en la tercera parte del Tratado sobre el sentimiento de lo bello y de lo sublime, toca el amor de una manera harto superficial y a veces inexacta, como quien no es muy ducho en él. Platner, en su Antropología, no nos ofrece sino ideas mediocres y corrientes. La definición de Spinoza merece citarse a causa de su extremada sencillez: Amor est titillatio, concomitante idea causæ externæ.
No tengo, pues, que servirme de mis predecesores ni refutarlos. No por los libros, sino por la observación de la vida exterior, es como este asunto se ha impuesto a mí y ha ocupado un lugar por sí mismo en el conjunto de mis consideraciones acerca del mundo.
No espero aprobación ni elogio por parte de los enamorados, que, naturalmente, propenden a expresar con las imágenes más sublimes y más etéreas la intensidad de sus sentimientos. A éstos mi punto de vista les parecerá demasiado físico, hasta material, por metafísico y trascendente que sea en el fondo.