El amor y otras pasiones
El amor y otras pasiones En cuanto a mí, nunca he aprendido cómo dos seres que se aman y creen hallar en ese amor la felicidad suprema, no prefieren romper violentamente con todas las convenciones sociales y sufrir todo género de vergüenzas antes que abandonar la vida, renunciando a una aventura más allá de la cual no imaginan que existan otras. En cuanto a los grados inferiores, los ligeros ataques de esa pasión, todo el mundo los tiene a diario ante su vista, y, a poco joven que sea uno, la mayor parte del tiempo los tiene también en el corazón.
Por tanto, no es lícito dudar de la realidad del amor ni de su importancia.
En vez de asombrarse de que un filósofo trate también de apoderarse de esta cuestión, tema eterno para todos los poetas, más bien debiera sorprender que un asunto que representa en la vida humana un papel tan importante haya sido hasta ahora abandonado por los filósofos y se nos presente como materia nueva.