El arte de sobrevivir
El arte de sobrevivir Ciertamente, cada ser recién nacido entra fresco y feliz en la nueva existencia y la disfruta como un regalo; pero regalos ni hay ni puede haber. Su fresca existencia está pagada mediante la vejez y la muerte de otra vida agotada y perecida, pero que contenÃa el germen indestructible a partir del cual ha nacido esta nueva: ambas son un único ser. Ahora bien, esclarecer el vÃnculo entre ambos serÃa, desde luego, la resolución de un gran enigma.[202]
La vida de la mayorÃa es solo una lucha permanente por esta pura existencia misma, con la certeza de que finalmente saldrán derrotados. Empero, lo que los hace persistir en esta lucha tan esforzada no es tanto el amor a la vida como el temor a la muerte, que, no obstante, se halla al fondo como algo inevitable y puede acercarse en cualquier momento. La vida misma es un mar lleno de acantilados y remolinos, que el hombre evita con sumo cuidado y prevención, pese a que sabe que incluso cuando logre con todo su esfuerzo y su arte surcarlo, cada paso que dé lo aproxima más al mayor, al total, inevitable e insalvable naufragio; es más, se dirige directo a él, a la muerte: he aquà la meta final de tan esforzada travesÃa y más grave para el hombre que cuantos acantilados ha sorteado.