El arte de sobrevivir
El arte de sobrevivir En realidad, el miedo a la muerte, que nos mantiene con vida, pese a todas las calamidades de la existencia, es algo ilusorio: pero igual de ilusorio es el impulso que nos ha atraído a la vida. Esta atracción misma puede contemplarse objetivamente en las miradas de dos amantes que se cruzan ansiosas: son la expresión más pura de la voluntad de vivir en su afirmación. ¡Cuán delicada y afable se muestra aquí la voluntad! Desea el bienestar y el disfrute tranquilo y la alegría apacible para sí, para los demás, para todos.[200]
La serenidad y los ánimos de vivir de nuestra juventud se basan en parte en el hecho de que nosotros, ascendiendo la montaña, no vemos aún la muerte, porque esta se encuentra al otro lado del pie de la montaña. Pero una vez pasada la cima, alcanzamos a divisar de veras la muerte, de la que hasta entonces solo habíamos oído hablar, razón por la cual, puesto que al mismo tiempo empiezan a disminuir las fuerzas vitales, decaen también los ánimos de vivir, de modo que entonces una sombría seriedad sustituye la alegría desbordante juvenil y se refleja asimismo en el rostro.[201]