El arte de sobrevivir
El arte de sobrevivir Pero lo cierto es que, desde una visión general y al margen de todos los estados y circunstancias individuales, a la juventud le es propia una determinada melancolía y tristeza, mientras que a la vejez le es propia cierta jovialidad: la razón que lo explica es que la juventud se encuentra todavía bajo el yugo y la servidumbre de aquel demonio que apenas la libera un instante y que es el causante directo e indirecto de todo mal que aflija o amenace al hombre. La vejez, sin embargo, tiene la alegría propia de quien se ha librado de una cadena arrastrada largo tiempo y ahora se mueve libremente. Por otro lado, empero, podría decirse que tras la extinción del impulso sexual se ha consumado el núcleo propiamente dicho de la vida y que tan solo queda la cáscara de la misma o que esta se asemeja a una comedia que fuera iniciada por personas, pero concluida finalmente por marionetas vestidas con sus ropas.