El arte de sobrevivir
El arte de sobrevivir Lo que hace desgraciada la primera mitad de la vida, que en tantas cosas es preferible a la segunda, es la persecución de la felicidad, a partir del supuesto firme de que tiene que ser posible alcanzarla a lo largo de la vida. De ahí surgen la esperanza constantemente defraudada y el descontento. Nos figuramos imágenes engañosas de una dicha soñada e indeterminada, bajo formas caprichosamente elegidas, y buscamos en vano su modelo arquetípico.[118]
En la segunda mitad de nuestra vida hace su aparición, en lugar del ansia permanentemente insatisfecha de felicidad, la preocupación por la infelicidad. Ahora bien, hallar un remedio para esto es de modo objetivo posible, pues estamos por fin libres de aquella presunción y tan solo buscamos calma y en lo posible, la ausencia de dolor, de lo que puede surgir un estado notablemente más alegre que el de la primera mitad, ya que aspira a algo que es alcanzable, un estado que recompensa con creces las carencias propias de la segunda mitad.[119]
Lo que se opone a que los hombres lleguen a ser más sabios y prudentes es, entre otras cosas, la brevedad de la vida. Cada treinta años llega una generación nueva que no sabe nada y tiene que empezar desde el comienzo.[120]