El arte de sobrevivir
El arte de sobrevivir Por tanto, todo el curso empírico de la vida de una persona, en todas sus operaciones grandes y pequeñas, está tan necesariamente predeterminado como el mecanismo de un reloj. Esto se debe básicamente al hecho de que el modo como el mencionado libre acto metafísico llega a la conciencia cognoscente es una intuición que tiene por forma el tiempo y el espacio, por medio de la cual se representa ahora la unidad e indivisibilidad de dicho acto como extendida en una serie de estados y acontecimientos, que surgen siguiendo el hilo conductor del principio de razón [principium rationis] en sus cuatro configuraciones; y esto es precisamente lo que significa necesario. El resultado es algo moral, a saber, que nosotros reconocemos lo que somos en lo que hacemos, de igual modo como reconocemos lo que merecemos en aquello que padecemos.[123]
Ahora bien, si, con esta condición, la vida todavía hubiera de conservar una tendencia y un sentido moral, entonces estos deberían encontrar su origen, ciertamente, solo durante el curso de la misma y salir de la nada, como el hombre así considerado viene por completo de la nada: pues aquí queda excluida, de una vez por todas, cualquier relación con una condición precedente, una existencia anterior o un acto extratemporal, a los que, no obstante, remite claramente la ilimitada, originaria e innata heterogeneidad de los caracteres morales.[124]