El arte de sobrevivir
El arte de sobrevivir Siempre constituye solo una excepción el que el curso de una vida sufra una alteración por el hecho de que, de un conocimiento independiente del servicio de la voluntad y dirigido a la esencia del mundo en cuanto tal, se infiere o bien la exigencia estética de adoptar una actitud contemplativa o bien la exigencia ética de renunciar. A la mayoría de las personas la miseria los arrastra a empujones por la vida, sin dejarlos recuperar el juicio. Por el contrario, se inflama a menudo la voluntad del tal modo que sobrepasa con creces la simple afirmación del cuerpo en grado sumo, así que se manifiesta entonces en encendidos afectos y violentas pasiones, en las que el individuo no solo afirma su propia existencia, sino que llega a negar la de los demás e intenta eliminarla ahí donde le obstaculice el paso.[144]
Al que vive inmerso en el vértigo de las ocupaciones o los placeres, sin meditar nunca sobre su pasado, y tan solo va devanando su vida sin cesar, se le escapa el sentido claro de las cosas; su alma se convierte en un caos y cierta confusión irrumpe en sus pensamientos, como mostrará pronto lo abrupto, fragmentario y, por decirlo así, despedazado de su conversación. Y este es tanto más el caso cuanto mayor sean las perturbaciones exteriores y la cantidad de impresiones, y menor la actividad interior de su espíritu.[145]