El arte de sobrevivir
El arte de sobrevivir Desde el punto de vista de la juventud, la vida se presenta como un largo e interminable futuro; pero contemplada desde la vejez, no parece sino un pasado muy corto. AsÃ, al principio, la vida se nos representa como cuando colocamos delante de nuestros ojos la lente del objetivo de unos prismáticos de ópera, y más tarde como cuando nos ponemos el ocular. Hay que haberse hecho viejo, es decir, haber vivido bastante tiempo, para darse cuenta de cuán corta es la vida. El tiempo mismo, en nuestra juventud, pasa de manera mucho más sosegada y, por tanto, el primer cuarto de nuestra vida no solo es el más feliz, sino también el que más lento transcurre, de modo que genera mucho más recuerdos, y cualquiera, si tuviese que hacerlo, sabrÃa contar más cosas de ese perÃodo que de dos de los siguientes. E incluso, como pasa durante el año con la primavera, de igual manera en la flor de la vida los dÃas terminan siendo de una duración enojosa. En otoño tanto del año como de la vida se vuelven cortos, si bien más amenos y estables. Cuando la vida se acaba, uno no sabe adónde se ha ido. […]
