El arte de sobrevivir
El arte de sobrevivir La verdad es que debemos ser miserables, y lo somos. Y resulta que la fuente principal del más grave mal que sufren los hombres es el hombre mismo: Homo homini lupus [El hombre es un lobo para el hombre]. Aquel que se plantee seriamente esta máxima contemplará el mundo como un infierno que supera al de Dante en cuanto que cada uno tiene que ser el diablo del otro; de ahà que buenamente tanto uno como otro estarÃa en condiciones de hacer de archidiablo ante los demás y, mostrándose en la persona de un gran conquistador, colocar a algunos cientos de miles de hombres unos frente a otros y gritarles: «¡Vuestro destino es padecer y morir, ahora acribillaos mutuamente con fusiles y cañones!». Cosa que harÃan. En definitiva, por norma general, el modo de proceder de los hombres entre sà se caracteriza por la injusticia, la más extrema falta de equidad, la dureza, incluso la crueldad; lo contrario aparece solo de forma excepcional. De ahà emana la necesidad del Estado y la legislación, y no de vuestras ensoñaciones. En todos los casos que no se encuentren en el ámbito de la ley, se manifiesta de inmediato la propia desconsideración del hombre frente a sus semejantes, que brota de su infinito egoÃsmo, a veces también de su maldad. El modo como los hombres se comportan unos con otros lo ilustra: por ejemplo, el comercio de esclavos negros, cuyo objetivo final no es sino el azúcar y el café. Pero no necesitamos irnos tan lejos: entrar a la edad de 5 años en los talleres textiles o fábricas similares y, a partir de ese momento, estar allà sentado primero diez, luego doce y finalmente catorce horas diarias haciendo la misma y mecánica tarea significa pagar caro el placer de poder respirar. Pero este es el destino de millones, y muchos otros millones sufren un sino análogo.[195]