El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I Pero esos actos de la voluntad tienen todavía una razón fuera de sí, en los motivos. Sin embargo, estos nunca determinan más que lo que yo quiero en este momento, en este lugar y bajo estas circunstancias, y no que yo quiero en general, ni qué quiero en general, es decir, la máxima que caracteriza el conjunto de mi querer. Por eso mi querer no puede explicarse en toda su esencia a partir de los motivos, sino que estos determinan simplemente su exteriorización en un instante dado, son la simple ocasión en la que se muestra mi voluntad: esta misma, en cambio, queda fuera del dominio de la ley de motivación: solamente su fenómeno en cada instante dado está determinado necesariamente por ella. Únicamente bajo el supuesto de mi carácter empírico es el motivo una razón explicativa suficiente de mi obrar: mas si hago abstracción de mi carácter y pregunto por qué quiero eso y no aquello, no hay respuesta posible, ya que solo el fenómeno de la voluntad está sometido al principio de razón y no ella misma que, en esa medida, puede denominarse carente de razón. Doy aquí por supuesta la doctrina kantiana del carácter empírico e inteligible, como también mis explicaciones al respecto expuestas en los Problemas fundamentales de la ética (pp. 48-58 y 178 ss. de la primera edición, pp. 46-57 y 174 ss. de la segunda); por otra parte, en el libro cuarto tendremos que hablar con mayor detenimiento de esto. Por ahora solo he de hacer notar que la fundamentación de un fenómeno por otro, aquí del hecho por el motivo, no está reñida con que su ser en sí sea una voluntad carente ella misma de razón, ya que el principio de razón en todas sus formas es una mera forma del conocimiento, así que su validez solo se extiende a la representación, al fenómeno, la visibilidad de la voluntad, y no a esta misma que se hace visible.