El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I La voluntad como cosa en sà es totalmente distinta de su fenómeno y está libre de todas las formas fenoménicas en las que ingresa al manifestarse, formas que por ello afectan únicamente a su objetividad pero le son ajenas en sà misma. Ni siquiera le afecta la forma más general de toda representación, la de ser objeto para un sujeto; y aún menos las formas subordinadas a esa, que en conjunto tienen su expresión común en el principio de razón; en él se incluyen, como es sabido, el tiempo y el espacio, y por consiguiente también la pluralidad, que solamente por ellos existe y se hace posible. En este último respecto, y tomando una expresión de la antigua escolástica, denominaré el tiempo y el espacio el principium individuationis, lo cual pido que se observe de una vez por todas. Pues el tiempo y el espacio son lo único por lo que aquello que es igual y una misma cosa según la esencia y el concepto aparece como diferente, como pluralidad en yuxtaposición y sucesión: ellos son, por lo tanto, el principium individuationis, el objeto de tantas cavilaciones y disputas de los escolásticos, que encontramos reunidas en Suárez (Disp. 5, sect. 3). — Conforme a lo dicho, la voluntad como cosa en sà se halla fuera del dominio del principio de razón en todas sus formas, por lo que carece absolutamente de razón, si bien cada uno de sus fenómenos se halla sometido al principio de razón: está además libre de toda pluralidad, aunque sus fenómenos en el tiempo y el espacio son incontables: ella misma es una: pero no como lo es un objeto, cuya unidad se conoce solamente en oposición a la posible pluralidad; ni tampoco como lo es un concepto, que ha surgido únicamente por abstracción de la pluralidad: sino que es una como aquello que se encuentra fuera del espacio y el tiempo, del principium individuationis, es decir, de la posibilidad de la pluralidad. Solo cuando todo eso nos llegue a resultar totalmente claro a través de la siguiente consideración de los fenómenos y las distintas manifestaciones de la voluntad, entenderemos plenamente el sentido de la doctrina kantiana de que el tiempo, el espacio y la causalidad no convienen a la cosa en sà sino que son meras formas del conocer.