El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I Si embargo, la distancia e incluso la apariencia de una total diferencia entre los fenómenos de la naturaleza inorgánica y la voluntad que percibimos como el interior de nuestro propio ser, nace preferentemente del contraste entre la legalidad completamente determinada en una clase de fenómenos y la aparente arbitrariedad irregular en la otra. Pues en el hombre la individualidad resalta poderosamente: cada cual posee un carácter propio: de ahí que el mismo motivo no tenga un poder igual en todos y que mil circunstancias accesorias que tienen cabida en la amplia esfera cognoscitiva del individuo pero permanecen desconocidas para otros modifiquen su acción; por eso no se puede predeterminar la acción a partir del solo motivo, ya que falta el otro factor: el conocimiento exacto del carácter individual y del conocimiento que lo acompaña. En cambio, los fenómenos de las fuerzas naturales muestran el otro extremo: actúan conforme a leyes generales, sin desviación, sin individualidad, según circunstancias manifiestas, están sometidos a la más exacta predeterminación y la misma fuerza natural se manifiesta de igual manera en los millones de sus fenómenos. Para esclarecer este punto, para demostrar la identidad de la voluntad única e indivisible en todos sus diferentes fenómenos, en los más débiles como en los más fuertes, ante todo hemos de examinar la relación que tiene la voluntad como cosa en sí con su fenómeno, es decir, el mundo como voluntad con el mundo como representación, con lo que se nos abrirá el mejor camino para una investigación profunda del objeto tratado en este segundo libro[108].