El mundo como voluntad y representacion I

El mundo como voluntad y representacion I

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Así, por todas partes de la naturaleza vemos disputa, lucha y alternancia en la victoria, y precisamente en ello conoceremos con mayor claridad la esencial escisión de la voluntad respecto de sí misma. Cada grado de la objetivación de la voluntad disputa a los demás la materia, el espacio y el tiempo. Continuamente la materia persistente tiene que cambiar de forma cuando, al hilo de la causalidad, fenómenos mecánicos, físicos, químicos y orgánicos, ávidos de manifestarse, se arrebatan unos a otros la materia, porque cada uno quiere revelar su idea. A través de toda la naturaleza se puede seguir esa lucha, e incluso no consiste más que en ella: ει γαρ μη ήν το νει,κος εν τοις πραγμασιν, εν αν ήν απαντα, ως φησιν 'Εμπεδοκλής[120] (nam si non inesset in rebus contentio, unum omnia essent, ut ait Empedocles. Aristóteles, Metaph. B., 5): pero esa lucha no es sino la revelación de la esencial escisión de la voluntad respecto de sí misma. Esa lucha universal se hace visible con la máxima claridad en el mundo animal, que se alimenta del vegetal y en el que a su vez cada animal se convierte en presa y alimento de otro, es decir, la materia en la que se presentaba su idea ha de retirarse para que se presente otra, ya que cada animal no puede conservar su existencia más que mediante la constante supresión de la ajena; de modo que la voluntad de vivir se consume a sí misma y es su propio alimento en diversas formas, hasta que al final el género humano, al imponerse sobre todos los demás, considera la naturaleza como un producto para su propio uso; si bien, como veremos en el libro cuarto, ese género revela en sí mismo con la más atroz claridad aquella lucha, aquella autoescisión de la voluntad, y se produce el homo homini lupus[121]. Pero también podemos reconocer la misma lucha y dominación en los grados inferiores de objetividad de la voluntad. Muchos insectos (en particular los icneumónidos) depositan sus huevos sobre la piel o incluso en el cuerpo de las larvas de otros insectos, cuya lenta destrucción es la primera obra de la cría que sale del huevo. La hidra joven, que crece de la vieja como una rama y luego se separa de ella, lucha ya con esta por la presa que se le presenta cuando todavía esta sujeta a ella, de forma que una se la arranca a la otra de la boca (Trembley, Polypod. II, p. 110, y III, p. 165). Pero el ejemplo más llamativo de esta clase lo ofrece la hormiga bulldog (bulldog-ant) en Australia: cuando se la corta en dos, comienza una lucha entre la parte de la cabeza y la de la cola: aquella ataca a esta con los dientes y esta se defiende intrépidamente a picotazos: la lucha suele durar media hora, hasta que mueren o son arrastradas por otras hormigas. El proceso se produce siempre (de una carta de Howitt en el W. Journal, reproducida en el Messenger de Galignani de 17 de noviembre de 1855). En las orillas del Missouri se ve de cuando en cuando un enorme roble rodeado en el tronco y todas sus ramas por una gigantesca vid silvestre que lo ata hasta el punto de marchitarse por asfixia. Lo mismo se muestra en los grados más bajos, por ejemplo, cuando en virtud de la asimilación orgánica el agua y el carbono se transforman en savia vegetal o el pan en sangre, y lo mismo en todos los casos en los que se produce la secreción animal con la limitación de las fuerzas químicas a una forma de acción subordinada; luego también en la naturaleza inorgánica cuando, por ejemplo, los cristales al formarse se encuentran, cruzan y perturban entre sí, de manera que no pueden mostrar la forma cristalizada pura, siendo casi todas las drusas el reflejo de semejante conflicto de la voluntad en aquel grado tan bajo de su objetivación; o también cuando un imán impone el magnetismo al hierro para presentar aquí su idea; o cuando el galvanismo vence sobre las afinidades electivas, disuelve las combinaciones más sólidas y anula las leyes químicas hasta tal punto que el ácido de una sal descompuesta en el polo negativo tiene que dirigirse hacia el positivo sin combinarse con los alcalinos por los que pasa en el camino, o simplemente volver rojo el papel tornasol que encuentra. A gran escala se muestra en la relación entre el cuerpo central y el planeta: este, aunque en manifiesta dependencia, opone resistencia al igual que las fuerzas químicas en el organismo; de ahí procede la constante tensión entre la fuerza centrípeta y centrífuga, que mantiene el universo en movimiento y es ella misma una expresión de aquella lucha universal que es esencial al fenómeno de la voluntad y que ahora examinamos. Pues, dado que todo cuerpo ha de ser visto como fenómeno de una voluntad, pero la voluntad se presenta necesariamente como una aspiración, el estado originario de todo cuerpo mundano aglomerado en una esfera no puede ser el reposo sino el movimiento, el esfuerzo hacia adelante en el espacio infinito, sin descanso ni fin. A este no se opone ni la ley de inercia ni la de causalidad: pues, dado que según la primera la materia es en cuanto tal indiferente al reposo y el movimiento, tanto uno como otro puede ser su estado originario; por ello, tan injustificado es que cuando la encontramos en movimiento supongamos que a este le precedía un estado de reposo y preguntemos por la causa de la aparición del movimiento, como que, a la inversa, cuando la encontramos en reposo supongamos un movimiento previo y preguntemos por la causa de su supresión. Por eso no se puede buscar un primer impulso en la fuerza centrífuga sino que esta es en los planetas, según la hipótesis de Kant y Laplace, un residuo de la originaria rotación del cuerpo central, del que se han separado al contraerse este. Pero a este mismo le es esencial el movimiento: sigue rotando y al mismo tiempo vuela por el espacio infinito, o quizá gira alrededor de un cuerpo central mayor invisible para nosotros. Esta visión concuerda plenamente con la conjetura de los astrónomos acerca de un sol central, como también con el alejamiento que percibimos de todo nuestro sistema solar y quizás también de todo el cúmulo estelar al que pertenece nuestro sol; finalmente, se puede inferir de ahí un alejamiento de todas las estrellas fijas conjuntamente con el sol central, cosa que, sin embargo, pierde todo significado dentro del espacio infinito (ya que en un espacio absoluto el movimiento no se distingue del reposo) y precisamente así, como ya inmediatamente por la aspiración y el vuelo sin fin, se convierte en expresión de aquella nihilidad, de aquella falta de finalidad última que al término de este libro tendremos que atribuir al afán de la voluntad en todos sus fenómenos; y también por eso el espacio y el tiempo infinitos tenían que ser las formas más generales y esenciales de todo su fenómeno, que existe para expresar la totalidad de su esencia. — Finalmente, la lucha de todos los fenómenos de la voluntad entre sí que estamos examinando podemos reconocerla incluso ya en la simple materia tomada en cuanto tal, en la medida en que la esencia de su fenómeno ha sido acertadamente expresada por Kant como fuerza de repulsión y de atracción; de modo que ella misma tiene su existencia simplemente en la lucha de fuerzas opuestas. Si hacemos abstracción de toda la diversidad química de la materia o retrocedemos con el pensamiento por toda la cadena de causas y efectos hasta donde no existe aún diferencia química, nos quedará la pura materia, el mundo aglomerado en una bola, cuya vida u objetivación de la voluntad la constituye únicamente aquella lucha entre fuerza de atracción y de repulsión: aquella, como gravedad que impulsa desde todos los lados hacia el centro y esta, como impenetrabilidad, rea rigidez o elasticidad, oponiéndole resistencia; ese constante impulso y resistencia puede ser considerado como la objetividad de la voluntad en el grado ínfimo y expresa ya ahí su carácter.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker