El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I Quisiera haber tenido la posibilidad de superar mediante la claridad de la exposición la oscuridad de estos pensamientos, que va aneja a la materia misma: pero bien veo que la propia reflexión del lector habrá de ser de gran utilidad cuando no se me entienda o se me entienda mal. — De acuerdo con la opinión presentada, se podrán demostrar en el organismo las huellas de la forma de acción quÃmica y fÃsica, pero nunca se podrán explicar por ellas; porque en modo alguno se trata de un fenómeno provocado por la acción conjunta de tales fuerzas, es decir, casual, sino de una idea superior que ha sometido a las inferiores por medio de una asimilación victoriosa; porque la voluntad única que se objetiva en todas las ideas aspirando a la máxima objetivación posible abandona aquà los grados inferiores de su fenómeno tras un conflicto entre los mismos, para manifestarse en uno superior y tanto más poderoso. No hay victoria sin lucha: en la medida en que la idea u objetivación superior de la voluntad solo puede surgir sometiendo a las inferiores, sufre la resistencia de estas que, aunque reducidas a la sumisión, siguen aspirando a conseguir la manifestación independiente y completa de su esencia. El imán que ha levantado un hierro sostiene una lucha continuada con la gravedad que, en cuanto objetivación Ãnfima de la voluntad, posee un derecho más originario sobre la materia de aquel hierro; en esa lucha perpetua el imán incluso se refuerza al estimularle la resistencia a un mayor esfuerzo. Del mismo modo, todo fenómeno de la voluntad, también el que se presenta en el organismo humano, sostiene una lucha duradera contra las muchas fuerzas fÃsicas y quÃmicas que, en cuanto ideas inferiores, poseen un derecho anterior sobre aquella materia. Por eso cae el brazo que durante un tiempo se ha sostenido en alto dominando la gravedad: por eso se interrumpe con tanta frecuencia la confortable sensación de salud, que expresa la victoria de la idea del organismo consciente de sà mismo sobre las leyes fÃsicas y quÃmicas que originariamente dominan los jugos del cuerpo; y de hecho está siempre acompañada por una cierta incomodidad de mayor o menor grado, que nace de la oposición de aquellas fuerzas y en virtud de la cual ya la parte vegetativa de nuestra vida se encuentra permanentemente ligada a un ligero sufrimiento. De ahà también que la digestión deprima todas las funciones animales, ya que requiere toda la fuerza vital para superar las fuerzas naturales quÃmicas a través de la asimilación. Y de ahà procede también, en general, el peso de la vida fÃsica, la necesidad del sueño y en último término de la muerte, cuando al final, favorecidas por las circunstancias, aquellas fuerzas naturales subyugadas vuelven a arrebatarle al organismo, fatigado él mismo por la constante victoria, la materia que se les habÃa sustraÃdo y consiguen presentar su esencia sin impedimentos. Por esa razón se puede decir también que cada organismo no representa la idea de la que es reflejo más que tras deducir la parte de su fuerza que es empleada en someter las ideas inferiores que le disputan la materia. Esa parece haber sido la idea de Jakob Böhme cuando en algún lugar afirma que todos los cuerpos de los hombres y los animales, y hasta todas las plantas, están en realidad medio muertos. Según que el organismo consiga superar en mayor o menor grado aquellas fuerzas naturales que expresan los grados inferiores de objetividad de la voluntad, se convertirá en una expresión más o menos perfecta de su idea, es decir, estará más o menos próximo al ideal al que corresponde la belleza en su especie.