El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I Hemos examinado la gran multiplicidad y variedad de los fenómenos en que se objetiva la voluntad; también hemos visto su lucha ilimitada e irreconciliable unos contra otros. Sin embargo, de acuerdo con nuestra exposición anterior, la voluntad misma no está en cuanto cosa en sà incluida en aquella pluralidad y cambio. La diversidad de las ideas (platónicas) o grados de objetivación, la multitud de los individuos en los que cada una de estas se presenta, la lucha de las formas por la materia: todas esas cosas no le afectan a ella sino que son únicamente el modo y manera de su objetivación y solo por esta mantienen con la voluntad una relación mediata, en virtud de la cual pertenecen a la expresión de su esencia para la representación. Asà como una linterna mágica muestra muchas y variadas imágenes pero es una sola la llama que presta a todas su visibilidad, en todos los múltiples fenómenos que llenan el mundo unos junto a otros o se desbancan entre sà en forma de acontecimientos es la voluntad única lo que se manifiesta, aquello cuya visibilidad u objetividad son todos esos fenómenos y que permanece inmóvil en medio de todo aquel cambio: solo ella es la cosa en sÃ: todo objeto es manifestación, fenómeno, hablando en lenguaje kantiano. — Si bien en el hombre en cuanto idea (platónica) la voluntad alcanza su objetivación más clara y perfecta, aquella sola no podÃa expresar su esencia. Para manifestarse en su significación adecuada la idea del hombre no podÃa presentarse sola y desgajada, sino que tenÃa que estar acompañada de toda la serie descendente a lo largo de todas las formas animales y del reino vegetal, hasta llegar a lo inorgánico: solamente la totalidad de las mismas completa la plena objetivación de la voluntad; están tan supuestas en la idea del hombre como las hojas, las ramas, el tronco y la raÃz en las flores del árbol: forman una pirámide cuya cúspide es el hombre. También podemos decir, si gustamos de las comparaciones: su fenómeno acompaña al del hombre de forma tan necesaria como la plena luz está acompañada en las graduales gradaciones de todas las penumbras a través de las cuales se pierde en la oscuridad: o también podemos denominarlas la resonancia del hombre y decir: el animal y la planta son la quinta y la tercera descendentes del hombre, el reino inorgánico es la octava inferior. La plena verdad de este último ejemplo no se nos hará clara hasta que en el libro siguiente intentemos investigar la profunda significación de la música; ahà se nos mostrará cómo la melodÃa, que avanza en conexión a través de tonos ágiles, puede ser considerada en cierto sentido como la representación de la vida y la aspiración del hombre, que reciben su coherencia de la reflexión; por el contrario, las inconexas voces de relleno[124] y el lento bajo, de los que nace la armonÃa necesaria para la perfección de la música, reflejan la restante naturaleza animal y carente de conocimiento. Pero de esto hablaremos en su lugar, donde no sonará ya tan paradójico. — Aquella necesidad interna de la gradación de los fenómenos de la voluntad, necesidad que es inseparable de su adecuada objetividad, la vemos expresada también en el conjunto de los fenómenos por medio de una necesidad externa; en virtud de ella, el hombre necesita a los animales para mantenerse, estos a su vez se necesitan gradualmente unos a otros y a las plantas, las cuales a su vez necesitan la tierra, el agua, los elementos quÃmicos y sus mezclas, el planeta, el Sol, la rotación y traslación en torno a este, la oblicuidad de la eclÃptica, etc. — En el fondo, todo esto se debe a que la voluntad tiene que devorarse a sà misma porque fuera de ella nada existe y es una voluntad hambrienta. De ahà la caza, el miedo y el sufrimiento.