El mundo como voluntad y representacion I

El mundo como voluntad y representacion I

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Entretanto, se puede debatir expresamente una de tales preguntas, dado que en realidad solamente puede plantearse en la medida en que aún no se haya penetrado del todo en el sentido de la exposición presentada hasta ahora y, en esa misma medida, puede servir para aclararla. Es la siguiente: toda voluntad es voluntad de algo, tiene un objeto, un fin de su querer: ¿qué quiere entonces, o a qué aspira aquella voluntad que se nos ha presentado como el ser en sí del mundo? — Esta pregunta, igual que otras muchas, se basa en una confusión de la cosa en sí con el fenómeno. Solo a este, y no a aquella, se extiende el principio de razón, del que también la ley de motivación es una forma. Siempre se puede dar razón de los fenómenos como tales, de las cosas individuales, pero nunca de la voluntad misma ni de la idea en la que se objetiva adecuadamente. Así, de todo movimiento particular o, en general, de cualquier cambio en la naturaleza se puede buscar una causa, es decir, un estado que lo provocó necesariamente; pero nunca de la fuerza natural misma que se revela en aquel y en innumerables fenómenos iguales: y es por eso una insensatez, nacida de la falta de reflexión, preguntar por la causa de la gravedad, la electricidad, etc. Únicamente si acaso se hubiera demostrado que la gravedad y la electricidad no son fuerzas naturales verdaderamente originarias sino meras formas de manifestación de una fuerza natural más universal ya conocida, se podría preguntar por la causa de que esa fuerza natural suscitara aquí el fenómeno de la gravedad o la electricidad. Todo eso se ha explicado antes en amplitud. Del mismo modo, cada acto de voluntad particular de un individuo cognoscente (que no es él mismo más que un fenómeno de la voluntad como cosa en sí) posee necesariamente un motivo sin el cual nunca se produciría: pero así como la causa material solo contiene la determinación de que en ese momento, en ese lugar y en esa materia se ha de producir una exteriorización de esta o aquella fuerza natural, también el motivo determina exclusivamente el acto de voluntad de un ser cognoscente en ese momento, en ese lugar y bajo esas circunstancias, como algo totalmente individual; pero en modo alguno determina que aquel ser quiera en general y de esa manera: esto es una manifestación de su carácter inteligible que, como la voluntad misma, la cosa en sí, carece de razón por hallarse fuera del ámbito del principio de razón. Por eso todo hombre tiene constantemente fines y motivos conforme a los cuales dirige su conducta, y es siempre capaz de dar cuenta de su acciones individuales: pero si se le preguntara por qué quiere en general, o por qué en general quiere existir, no tendría ninguna respuesta sino que, antes bien, la pregunta le parecería absurda: y precisamente en eso se expresaría la conciencia de que él mismo no es nada más que voluntad, cuyo querer en general se entiende por sí mismo y sólo en sus actos individuales, para cada momento, necesita una determinación próxima por motivos.


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