El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I Las obras de la arquitectura raras veces se realizan, como las demás obras de las bellas artes, con fines puramente estéticos: antes bien, estos se encuentran subordinados a otros fines útiles totalmente ajenos al arte; y asÃ, el gran mérito del arquitecto consiste en llevar a cabo y lograr los fines puramente estéticos dentro de su subordinación a otros extraños, adaptándolos hábilmente y de formas diversas a los fines arbitrarios de cada momento y valorando acertadamente qué belleza estético-arquitectónica es compatible y se puede asociar con un templo, cuál con un palacio, cuál con un arsenal, etc. Cuanto más incrementa un clima severo aquellas exigencias de la necesidad y la utilidad, determinándolas firmemente e imponiéndolas de forma inexcusable, menos campo de acción tiene la belleza en la arquitectura. En el suave clima de la India, Egipto, Grecia y Roma, donde las exigencias de la necesidad eran menores y estaban determinadas con más laxitud, la arquitectura pudo seguir sus fines estéticos en la mayor libertad: bajo el cielo nórdico se le quedaron sumamente atrofiados: aquÃ, donde se precisaban caserones, tejados puntiagudos y torres, la arquitectura, al no poder desplegar su belleza más que dentro de unos estrechos lÃmites, para suplirla tuvo que volverse tanto más afectada con los ornamentos tomados de la escultura, tal y como veremos en el arte gótico.