El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I La alegoría tiene una relación totalmente distinta con la poesía que con las artes plásticas; y aunque aquí es altamente reprobable, allá es lícita y pertinente. Pues en las artes plásticas conduce desde la intuición dada, el verdadero objeto de todo arte, hasta el pensamiento abstracto; mas en la poesía la relación es inversa: aquí lo inmediatamente dado en las palabras es el concepto, y el fin inmediato es siempre conducir desde él a lo intuitivo, de cuya representación ha de encargarse la fantasía del oyente. Si en las artes plásticas hay que ir de lo inmediatamente dado a otra cosa, esta otra cosa tendrá que ser siempre un concepto, ya que aquí lo abstracto es lo único que no se puede dar inmediatamente; pero nunca un concepto puede ser el origen ni su transmisión el fin de una obra de arte. En cambio, en la poesía el concepto es el material, lo inmediatamente dado que se puede muy bien abandonar para evocar una intuición totalmente distinta en la que se alcanza el fin. En la conexión de un poema puede ser indispensable algún concepto o pensamiento abstracto que en sí mismo e inmediatamente no sea susceptible de hacerse intuitivo: lo frecuente entonces es llevarlo a la intuición por medio de un ejemplo que se subsuma en él. Eso ocurre ya en toda expresión trópica, como también en las metáforas, comparaciones, parábolas y alegorías, distintas todas ellas únicamente en función de la longitud y detalle de su exposición. Por eso en las artes poéticas las comparaciones y alegorías tienen un efecto excelente. ¡Con qué belleza dice Cervantes del sueño que «es un manto que cubre al hombre entero» para expresar que nos sustrae a todos los sufrimientos espirituales y corporales! ¡Con qué belleza expresa alegóricamente Kleist el pensamiento de que los filósofos e investigadores iluminan al género humano, en el verso: