El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I En lo que se refiere al conocimiento de la esencia de la humanidad, tengo incluso que conceder un mayor valor a las biografías, sobre todo las autobiografías, que a la historia propiamente dicha, al menos tal y como habitualmente es tratada. Por una parte, en aquellas los datos están recopilados con mayor corrección y compleción que en esta; por otra parte, en las historias propiamente dichas no actúan tanto los hombres como los pueblos y ejércitos, y los individuos que se presentan en ella aparecen a tal distancia, con tantos acompañantes y tan gran séquito, tan envueltos en ceremoniosos trajes oficiales o en pesadas y rígidas armaduras, que es verdaderamente difícil reconocer el movimiento humano en medio de todo eso. En cambio, la vida del individuo bien descrita muestra en una estrecha esfera la forma de actuar del hombre en todos sus matices y formas: la excelencia, la virtud y hasta la santidad de unos pocos, el error, la miseria y la perfidia de la mayoría, y la perversidad de algunos. En el único respecto que aquí consideramos, a saber, en el asunto de la significación interna del fenómeno, es del todo indiferente que los objetos en torno a los que gira la acción, desde un punto de vista relativo sean pequeñeces o cosas de importancia, granjas o reinos: pues todas esas cosas, en sí mismas carentes de significado, lo reciben solo por y en la medida en que la voluntad se mueve por ellas: solo por su relación con la voluntad tiene significación el motivo; en cambio, la relación que en cuanto cosa tenga con otras cosas no entra aquí en consideración. Así como un círculo de una pulgada de diámetro tiene las mismas propiedades geométricas que otro de cuarenta millones de leguas, los acontecimientos y la historia de una aldea son en esencia los mismos que los de un imperio; y tanto en una como en otro se puede estudiar y llegar a conocer la humanidad. También es equivocado pensar que las autobiografías son un completo engaño y disimulo. Antes bien, la mentira (aunque siempre posible) resulta ahí quizá más difícil que en cualquier otra parte. Donde más fácil resulta el disimulo es en la simple conversación; por paradójico que suene, ya en una carta resulta en el fondo difícil porque el hombre, abandonado a sí mismo, mira en su interior y no hacia fuera, lo ajeno y lejano se le aproxima con dificultad y no tiene a la vista la medida de la impresión que produce sobre el otro; en cambio, este otro, tranquilo, en un estado de ánimo ajeno al del escritor, echa un vistazo a la carta, la lee repetidas veces y en diferentes momentos, y así descubre con facilidad su intención oculta. La forma más sencilla de conocer a un autor como hombre es a partir de su libro, ya que todas aquellas condiciones actúan aquí de forma más intensa y sostenida: y fingir en una autobiografía es tan difícil que quizá no haya una sola que no sea en su conjunto más verdadera que cualquier otra historia escrita. El hombre que anota su vida la abarca en conjunto y a grandes rasgos, el detalle se empequeñece, lo cercano se aleja, lo lejano se aproxima, los miramientos se reducen: él se confiesa a sí mismo y lo hace voluntariamente: el espíritu de la mentira no se apodera de él tan fácilmente, pues en todo hombre hay también una inclinación a la verdad que ha de ser vencida cada vez que se miente y que precisamente aquí ha tomado una posición inusualmente poderosa. La relación entre la biografía y la historia de los pueblos se puede ilustrar con el siguiente ejemplo: la historia nos muestra la humanidad tal y como una vista desde una alta montaña nos muestra la naturaleza: vemos muchas cosas de una vez, amplias distancias, grandes masas; pero nada resulta cognoscible con claridad ni en su verdadera esencia. En cambio, la descripción de la vida de un individuo nos muestra al hombre tal y como conocemos la naturaleza cuando paseamos entre sus árboles, plantas, rocas y aguas. Pero así como a través de la pintura paisajística, en la que el artista nos hace mirar la naturaleza con sus ojos, se nos hace muy fácil conocer sus ideas y llegar al estado del puro conocimiento involuntario que se requiere para ello, igualmente, la poesía tiene grandes ventajas sobre la historia y la biografía de cara a representar las ideas que podemos buscar en ambas: pues también aquí el genio nos pone por delante el espejo clarificador en el que se nos ofrece reunido y a la más resplandeciente luz todo lo esencial y significativo, mientras que lo accidental y ajeno queda eliminado[191].