El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I La representación de la idea de la humanidad que incumbe al poeta se puede llevar a cabo de modo que lo representado sea al mismo tiempo el que representa: esto ocurre en la poesía lírica, en el canto propiamente dicho, en el que el poeta intuye y describe con vivacidad únicamente su propio estado, por lo que, debido a su objeto, es esencial a ese género una cierta subjetividad; — o también el que se ha de representar puede ser totalmente distinto del que representa, como ocurre en todos los demás géneros, en los que el autor se oculta en mayor o menor medida detrás de lo representado y termina desapareciendo completamente. En el romance el autor aún expresa algo su propio estado a través del tono y la actitud de la composición: por eso, aunque más objetivo que el canto, tiene todavía algún elemento subjetivo; este desaparece ya más en el idilio, aún más en la novela, casi totalmente en la epopeya y hasta sus últimas huellas en el drama, que es el género poético más objetivo y en varios sentidos el más perfecto, como también el más difícil. Precisamente por eso el género lírico es el más fácil; y aunque en otros casos el arte solo pertenece al infrecuente genio auténtico, hasta el hombre que en su conjunto no es muy eminente puede crear un bello canto cuando un fuerte estímulo externo o algún entusiasmo incrementa sus fuerzas espirituales: pues para ello no necesita más que una viva intuición de su propio estado en el momento de excitación. Eso demuestran muchos cantos sueltos de individuos que por lo demás han permanecido desconocidos, en especial los cantos populares alemanes, de los que tenemos una excelente colección en el Wunderkorn[192], así como innumerables cantos populares de amor y de otros temas en todas las lenguas. Pues todo el trabajo de este género consiste en capturar el ánimo del momento y encarnarlo en el canto. Sin embargo, en la poesía lírica de los auténticos poetas se reproduce el interior de toda la humanidad, y todo lo que millones de hombres pasados, presentes y futuros han sentido y sentirán en las mismas situaciones, porque siempre retornan, encuentra en ella su adecuada expresión. Dado que aquellas situaciones, por su continua recurrencia, existen de forma duradera como la humanidad misma y siempre evocan las mismas sensaciones, las producciones líricas de los auténticos poetas se mantienen acertadas, efectivas y frescas a lo largo de milenios. Pero el poeta es el hombre universal: todo lo que ha conmovido el corazón de algún hombre, lo que en alguna situación la naturaleza humana ha dado de sí, lo que en algún lugar habita y se gesta en un corazón humano, es su tema y su materia; como también todo el resto de la naturaleza. De ahí que el poeta pueda igualmente cantar el placer que la mística, ser Anacreonte o Ángel Silesio, escribir tragedias o comedias, representar el ánimo sublime o el vulgar, según su humor o vocación. En consecuencia, nadie puede prescribir al poeta que sea noble y sublime, moral, piadoso, cristiano, o que sea esto o aquello; y aún menos censurarle que sea esto y no aquello. Él es el espejo de la humanidad que le hace consciente de todo lo que siente y le agita.