El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I Si ahora examinamos más de cerca la esencia del verdadero canto y tomamos como ejemplos modelos excelentes pero al mismo tiempo puros, no de los que se aproximan ya a otro género como el romance, la elegía, el himno, el epigrama, etc., entonces descubriremos que la esencia peculiar del canto en sentido estricto es la siguiente. — Es el sujeto de la voluntad, es decir, el propio querer, lo que llena la conciencia del cantante, unas veces como querer liberado y satisfecho (alegría) pero con más frecuencia obstaculizado (tristeza), y siempre como afecto, pasión y estado de ánimo agitado. Junto a eso y al mismo tiempo, con la visión de la naturaleza que le rodea el cantante se hace consciente de sí como sujeto del conocimiento puro e involuntario, cuyo imperturbable sosiego anímico entra en contraste con el apremio del querer siempre limitado e indigente: la sensación de ese contraste, de esa alternancia, es lo que propiamente se expresa en todo el canto y lo que en general constituye el estado lírico. En él, por así decirlo, el conocimiento puro nos aborda para salvarnos del querer y su apremio: lo seguimos, pero solo por un instante: el querer, el recuerdo de nuestros fines personales nos vuelve a arrancar siempre de la tranquila contemplación; pero también nos arranca del querer el bello entorno inmediato en que se nos ofrece el conocimiento puro e involuntario. Por eso en el canto y en el ánimo lírico se mezclan el querer (el interés personal en los fines) y la intuición pura del maravilloso entorno que se ofrece: se buscan e imaginan conexiones entre ambos; el ánimo subjetivo, la afección de la voluntad, tiñe de sus colores el entorno contemplado, y viceversa: el auténtico canto es la reproducción de todo ese estado de ánimo tan mezclado y dividido. — Para entender con ejemplos este análisis abstracto de un estado tan distante de toda abstracción, se puede recurrir a cualquiera de los inmortales cantos de Goethe: como especialmente claros para este fin quisiera recomendar solamente algunos: «Lamento del pastor», «Bienvenida y adiós», «A la luna», «En el lago» y «Sentimiento de otoño»; también constituyen excelentes ejemplos los verdaderos cantos del Wunderkorn, en especial aquel que comienza: «Oh, Bremen, he de dejarte». — Una parodia del carácter lírico cómica y muy acertada es el canto de Voßen el que describe la sensación de un plomero borracho que se cae de una torre y en el momento de caer hace una observación ajena a su estado, es decir, perteneciente al conocimiento involuntario: que el reloj de la torre marca las once y media. Quien comparta conmigo la visión del estado lírico expuesta, admitirá también que se trata del conocimiento intuitivo y poético de aquel principio establecido en mi tratado sobre el principio de razón y mencionado también en este escrito, según el cual la identidad del sujeto del conocer con el del querer puede denominarse el milagro κατ’ εξοχήν[193]; de modo que el efecto poético del canto se basa en último término en la verdad de aquel principio. — En el transcurso de la vida se van separando cada vez más aquellos dos sujetos o, hablando popularmente, el corazón y la cabeza: el hombre separa progresivamente su sensación subjetiva de su conocimiento objetivo. En el niño ambos están todavía plenamente fundidos: apenas es capaz de distinguirse de su entorno, se difumina en él. En el joven toda percepción produce ante todo sensaciones y estados de ánimo, y hasta se mezcla con ellos, tal y como expresa Byron con gran belleza: