El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I Que toda felicidad es de naturaleza meramente negativa y no positiva, que precisamente por eso no puede ser una satisfacción y dicha duradera sino una simple liberación de un dolor o una carencia, a la que ha de seguir un nuevo dolor o un languor, un vacÃo anhelo y un tedio; eso encuentra una prueba también en aquel fiel espejo de la esencia del mundo y de la vida: en el arte, en especial la poesÃa. En efecto, todo poema épico o dramático solo puede representar la lucha, la aspiración y batalla por la felicidad, pero nunca la felicidad permanente y duradera. A través de mil dificultades y peligros conduce a sus héroes hasta el objetivo: en cuanto se ha alcanzado, deja caer rápidamente el telón. Pues solo le restarÃa mostrar que el brillante fin en el que el héroe suponÃa encontrar su felicidad le habÃa gastado una broma también a él, y tras haberlo logrado no le iba mejor que antes. Porque una auténtica felicidad permanente no es posible, tampoco puede ser objeto del arte. Ciertamente, el fin del idilio es describir tal felicidad: pero también se ve que el idilio en cuanto tal no se puede mantener. En las manos del poeta siempre se hará, o bien épico, y entonces será una epopeya sumamente irrelevante compuesta de pequeños sufrimientos, pequeñas alegrÃas y pequeños esfuerzos: ese es el caso más frecuente; o bien se convierte en poesÃa puramente descriptiva, pinta la belleza de la naturaleza, es decir, el puro conocimiento desinteresado que de hecho es también la única felicidad pura a la que no precede el sufrimiento o la necesidad, ni le sigue el arrepentimiento, el padecimiento, el vacÃo o la saciedad: pero esa felicidad no puede llenar la vida entera sino solamente momentos de la misma. — Lo que vemos en la poesÃa lo volvemos a encontrar en la música, en cuya melodÃa hemos reconocido la historia Ãntima de la voluntad consciente de sà misma expresada de forma universal, la vida más secreta, los anhelos, sufrimientos y alegrÃas, el flujo y reflujo del corazón humano. La melodÃa es siempre una desviación de la tónica a través de mil extravÃos admirables, para llegar hasta la disonancia más dolorosa desde la que se recupera por fin la tónica, que expresa la satisfacción y apaciguamiento de la voluntad pero con la que nada más se puede hacer; y si persistiera por más tiempo, producirÃa una fastidiosa e insÃpida melodÃa correspondiente al aburrimiento.