El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I Desde la irrupción de su conciencia, el hombre se encuentra a sí mismo como volente y por lo general su conocimiento permanece en constante relación con su voluntad. Primero busca conocer por completo los objetos de su querer y luego los medios para lograrlos. Entonces sabe lo que ha de hacer y normalmente no aspira a un saber de otro tipo. Él actúa y se mueve: la conciencia de estar trabajando siempre para el fin de su voluntad le mantiene erguido y activo: su pensamiento se refiere a la elección de medios. Así es la vida de casi todos los hombres: quieren, saben lo que quieren y se afanan por ello con tanto éxito como para protegerles de la desesperación y con tanto fracaso como para protegerles del aburrimiento y sus consecuencias. De ahí nace una cierta alegría o al menos una serenidad que en nada cambian la riqueza o la pobreza: pues el rico y el pobre no disfrutan lo que tienen, porque eso, como se mostró, solo actúa negativamente, sino lo que esperan conseguir con su actividad. Marchan adelante con mucha seriedad y hasta con gesto de importancia: así desarrollan también los niños su juego. Es siempre una excepción que una vida así sufra una perturbación porque de un conocimiento independiente del servicio de la voluntad y dirigido a la esencia del mundo en general surja la invitación estética a la contemplación o la ética a la renuncia. A la mayoría les persigue la necesidad a lo largo de la vida sin permitirles llegar a la reflexión. La voluntad, en cambio, se inflama hasta un grado que supera con mucho la afirmación del cuerpo y que ponen de manifiesto los violentos afectos y poderosas pasiones en los que el individuo no solo afirma su propia existencia sino que niega la de los demás e intenta eliminarla cuando se le interpone en su camino.