El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I El vivo conocimiento de la justicia eterna, del brazo de la balanza que une inseparablemente el malum culpae con el malum poenae[280], exige una total elevación sobre la individualidad y el principio de su posibilidad: por eso permanece siempre inaccesible a la mayorÃa de los hombres, al igual que el conocimiento puro y claro de la esencia de toda virtud, que es afÃn a aquel y enseguida hemos de debatir. —Por eso los sabios patriarcas del pueblo hindú, en los Vedas, que están permitidos solo a las tres castas reencarnadas y conforman la doctrina esotérica, lo han expresado directamente, en la medida en que pueden captarlo el concepto y el lenguaje, y lo permite su forma de exposición, todavÃa figurativa y también rapsódica; pero en la religión popular o la doctrina exotérica se transmite solo en forma de mitos. La expresión directa la encontramos en los Vedas, el fruto del supremo conocimiento y sabidurÃa humanos, cuyo núcleo nos ha llegado finalmente en las Upanishads, el mayor regalo de este siglo; ahà se expresa de muy diversas formas pero en especial cuando se hace desfilar ante la vista del discÃpulo todos los seres del mundo, vivos e inertes, y respecto de cada uno se pronuncia aquella palabra convertida en fórmula y en cuanto tal denominada Mahavakya[281]: Tatoumes, más correctamente, tat twam asi, que significa «eso eres tú»[282]. — Sin embargo, al pueblo aquella gran verdad, en lo que dentro de su limitación pudo captarla, le fue traducida a la forma de conocimiento guiada por el principio de razón, la cual por su naturaleza no puede asumir aquella verdad pura y en sà misma, y hasta se encuentra en directa contradicción con ella; y asà recibió un sucedáneo en forma de mito que bastaba como regulativo de la conducta, al hacer comprensible mediante una representación figurativa el significado ético de la misma en una forma de conocimiento eternamente ajena a él y guiada por el principio de razón; ese es el fin de todos los dogmas de fe, ya que son en su totalidad ropajes mÃticos de la verdad inaccesible al espÃritu del hombre rudo. En ese sentido podrÃamos llamar aquel mito, en lenguaje kantiano, un postulado de la razón práctica: pero considerado en cuanto tal tiene la gran ventaja de no contener ningún elemento más que los que se encuentran a nuestra vista en el dominio de la realidad y poder asà todos sus conceptos ser comprobados con intuiciones. El mito al que aquà nos referimos es el de la transmigración de las almas. Enseña que todos los sufrimientos que uno causa a los demás en la vida han de ser expiados en una vida posterior en este mundo con sufrimientos exactamente iguales; esto llega hasta el punto de que quien ha matado un animal, alguna vez dentro del tiempo infinito nacerá como ese mismo animal y sufrirá la misma muerte. Enseña que la conducta malvada lleva consigo una vida futura en este mundo, dentro de un ser sufriente y despreciado, que conforme a ello nacerá en una casta inferior o como mujer, animal, paria, chan-dala[283], como leproso, cocodrilo, etc. Todos los tormentos con los que el mito amenaza los prueba con intuiciones del mundo real, a través de seres que sufren sin saber cómo se han hecho merecedores de su tormento, y no necesita recurrir a ningún otro infierno. Mas como recompensa promete a cambio un renacimiento en formas mejores y más nobles: como brahmán, como sabio o como santo.