El mundo como voluntad y representacion I

El mundo como voluntad y representacion I

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Lo dicho se confirma también en el hecho de que cuando los niños sufren un dolor, en la mayoría de los casos no lloran hasta que los compadecemos; es decir, no por el dolor sino por la representación del mismo. — Cuando no nos mueve al llanto el dolor propio sino el ajeno, es porque en la fantasía nos ponemos vivamente en el lugar del que sufre, o bien porque en su destino vemos la suerte de toda la humanidad y, ante todo, la nuestra; y así, a través de un amplio rodeo, siempre lloramos por nosotros mismos, sentimos compasión por nosotros. Esa parece ser también una razón principal del carácter general, o sea, natural, del llanto ante un muerto. No es su pérdida lo que llora el afligido: tales lágrimas egoístas le avergonzarían; pero en lugar de ello, a veces nos avergonzamos de no llorar. Desde luego, él llora ante todo la suerte del muerto: pero también llora cuando para él la muerte era una deseable liberación tras una vida larga, dura e irremediable. Así pues, lo que le conmueve principalmente es la compasión por la suerte de toda la humanidad, sumida en la finitud por la cual toda vida, por muy ambiciosa y célebre que sea, ha de extinguirse y convertirse en nada: pero en esa suerte de la humanidad él ve ante todo la suya propia, y tanto más cuanto más allegado a él fuera el difunto, sobre todo si era su padre. Y aunque su vida fuera para él un tormento debido a la vejez y la enfermedad, y para el hijo una dura carga debido a su desvalimiento, este llora amargamente la muerte del padre por las razones que se han indicado[306].


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