El mundo como voluntad y representacion I

El mundo como voluntad y representacion I

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Si comparamos la vida con una órbita hecha de carbones incandescentes con algunos lugares fríos, la cual hemos de recorrer sin pausa, al que está inmerso en la ilusión le consuela el lugar frío en que se encuentra ahora o que ve cerca ante sí, y continúa andando el camino. Mas aquel que, traspasando el principium individuationis, conoce el ser en sí de las cosas y con ello la totalidad, no es ya susceptible de tal consuelo: él se ve en todos los lugares a la vez y se sale. — Su voluntad cambia, ya no afirma su propio ser que se refleja en el fenómeno sino que lo niega. Eso se manifiesta en el tránsito de la virtud al ascetismo. En efecto, ya no le basta con amar a los demás como a sí mismo y hacer por ellos tanto como por sí, sino que en él nace un horror hacia el ser del que su propio fenómeno es expresión: la voluntad de vivir, el núcleo y esencia de aquel mundo que ha visto lleno de miseria. Por eso niega aquel ser que se manifiesta en él y se expresa ya en su propio cuerpo, y su obrar desmiente ahora su fenómeno entrando en clara contradicción con él. No siendo en esencia más que fenómeno de la voluntad, cesa de querer cosa alguna, se guarda de cualquier apego de su voluntad y busca consolidar en sí mismo la máxima indiferencia frente a todas las cosas. — Su cuerpo, sano y fuerte, expresa el instinto sexual por medio de los genitales; pero él niega la voluntad y da un mentís al cuerpo: no quiere la satisfacción sexual bajo ninguna condición. La perfecta castidad voluntaria es el primer paso en el ascetismo o la negación de la voluntad de vivir. Con ella el asceta contradice la afirmación de la voluntad que se extiende más allá de la vida individual y anuncia que con la vida de ese cuerpo se suprime también la voluntad de la que es fenómeno. La naturaleza, siempre verdadera y franca, declara que si esa máxima fuera universal, el género humano se extinguiría: y según lo que se ha dicho en el libro segundo sobre la conexión de todos los fenómenos de la voluntad, creo poder suponer que con el más alto fenómeno de la voluntad también desaparecería su reflejo más débil: la animalidad, al igual que con la plena luz desaparecen también las penumbras. Con la completa supresión del conocimiento, el resto del mundo se desvanecería por sí mismo en la nada; porque no hay objeto sin sujeto. Quisiera aplicar a esto un pasaje del Veda en el que se dice: «Como en este mundo los niños hambrientos se agolpan alrededor de su madre, así aguardan todos los seres el santo sacrificio» (Asiatic researches, vol. 8; Colebrooke, On the Vedas, extracto del Sama-Veda: se halla también en Colebrooke, Miscellaneous essays, vol. 1, p. 88). Sacrificio significa resignación en general, y el resto de la naturaleza ha de esperar su salvación del hombre, que es a la vez sacerdote y ofrenda. Incluso merece ser citado como sumamente curioso que ese pensamiento fue expresado por el admirable e inmensamente profundo Ángel Silesio en los versos titulados «El hombre lo lleva todo a Dios»; dice:


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