El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I De vez en cuando se dan a conocer casos en los que el suicidio se extiende a los hijos: el padre mata a los hijos, a los que quiere mucho, y luego a sà mismo. Tengamos en cuenta que la conciencia moral, la religión y todos los conceptos heredados le enseñan que el asesinato es el delito más grave, delito que él sin embargo comete en la hora de su propia muerte y sin que pueda tener para ello un motivo egoÃsta; tal hecho sólo se puede explicar porque aquà la voluntad del individuo se reconoce inmediatamente en los hijos, aunque sumida en la ilusión que considera el fenómeno como cosa en sÃ; y profundamente conmovida por el conocimiento de la miseria de toda vida, cree ahora que con el fenómeno suprime la esencia misma, y por eso quiere salvar de la existencia y su miseria a sà mismo y a los hijos, en los que ve la repetición de su propia vida. — Un error muy parecido a ese serÃa el de creer que se puede conseguir lo mismo que con la castidad voluntaria frustrando los fines de la naturaleza en la fecundación o, teniendo en cuenta el ineludible sufrimiento de la vida, fomentando la muerte del recién nacido en lugar de hacer todo lo necesario para asegurar la vida de cualquier ser que entre en ella. Pues cuando hay voluntad de vivir, que es lo único metafÃsico o la cosa en sÃ, ninguna fuerza puede quebrantarla sino que solo se puede destruir su fenómeno en ese lugar y ese momento. Ella misma no puede ser suprimida por nada más que el conocimiento. De ahà que el único camino de la salvación sea que la voluntad se manifieste sin obstáculos para que pueda conocer su propio ser en esa manifestación. Solo como consecuencia de ese conocimiento puede la voluntad suprimirse a sà misma y al tiempo terminar con el sufrimiento que es inseparable de su fenómeno: pero no es posible lograrlo con la violencia fÃsica, como la destrucción del germen, la muerte del recién nacido o el suicidio. La naturaleza guÃa la voluntad a la luz porque solamente en la luz puede encontrar su salvación. Por eso hay que favorecer de todos los modos los fines de la naturaleza cuando la voluntad de vivir, que es su esencia interior, se ha decidido.