El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I Si bien los conceptos son radicalmente distintos de las representaciones intuitivas, se hallan en una necesaria relación con ellas, sin las cuales no serían nada, por lo que esa relación constituye toda su esencia y existencia. La reflexión es necesariamente reproducción, repetición del mundo intuitivo original, aunque una reproducción de tipo totalmente peculiar y en un material completamente heterogéneo. Por lo tanto, se puede denominar con toda propiedad a los conceptos representaciones de representaciones. El principio de razón tiene aquí también una forma propia; y así como aquella forma bajo la que rige en una clase de representaciones constituye y agota la esencia de dicha clase en la medida en que son representaciones —de modo que, como hemos visto, el tiempo es sucesión y nada más, el espacio posición y nada más, la materia causalidad y nada más—, también la esencia total de los conceptos o de la clase de las representaciones abstractas consiste únicamente en la relación que expresa en ellas el principio de razón: y, dado que esa relación es la referencia a la razón de conocimiento, toda la esencia de la representación abstracta está única y exclusivamente en su referencia a otra representación que es su razón de conocimiento. Esta puede ser a su vez un concepto o representación abstracta, e incluso esta puede tener a su vez una razón de conocimiento meramente abstracta; pero no hasta el infinito, sino que al final la serie de las razones cognoscitivas ha de concluir en un concepto que tenga su razón en el conocimiento intuitivo. Pues todo el mundo de la reflexión se basa en el intuitivo como su razón de conocer. De ahí que la clase de las representaciones abstractas se distinga de las demás porque en estas el principio de razón nunca exige más que una relación a otra representación de la misma clase, pero en las representaciones abstractas requiere en último término una relación a una representación de otra clase.