El mundo como voluntad y representacion I

El mundo como voluntad y representacion I

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Los silogismos correctos en sentido estricto se realizan cuando se examina con exactitud la relación de las esferas conceptuales y, solo en el caso de que una esfera esté contenida en su totalidad en otra y esta a su vez en una tercera, se reconoce que también la primera está contenida por completo en la tercera; en cambio, el arte de la persuasión se basa en someter las relaciones de las esferas conceptuales a una consideración meramente superficial y luego definirlas unilateralmente conforme a las propias intenciones, principalmente de modo que, cuando la esfera de un concepto se halla solo en parte dentro de otra y en parte dentro de una totalmente distinta, se la señala como incluida completamente en la primera o en la segunda, según el propósito del hablante. Por ejemplo, cuando se habla de la pasión se la puede subsumir a voluntad bajo el concepto de la máxima fuerza, del más poderoso agente del mundo, o bajo el concepto de la irracionalidad y este a su vez bajo el de la impotencia y la debilidad. El mismo método se puede proseguir y volver a aplicar en cada concepto al que conduzca el discurso. Casi siempre en la esfera de un concepto se dividen otras varias, cada una de las cuales contiene una parte del ámbito de la primera en el suyo pero abarca más que eso: de estas últimas esferas conceptuales no se permite examinar más que aquella bajo la cual se quiere subsumir el primer concepto, mientras que las demás se dejan fuera de consideración o se mantienen ocultas. En este truco se basan en realidad todas las artes de persuasión, todos los sofismas sutiles: pues los sofismas lógicos, como el mentiens, velatus, cornutus[67], etc., está claro que son demasiado groseros para una aplicación real. Puesto que no tengo conocimiento de que hasta ahora se haya reducido la esencia de todo sofisma y persuasión a esta última razón de su posibilidad ni que se haya demostrado que se encuentran en la peculiar índole de los conceptos, es decir, en la forma de conocer de la razón, y ya que mi exposición me ha conducido hasta aquí, quisiera explicar el tema, por muy fácil que sea de entender, a partir de la tabla adjunta; en ella se ha de mostrar cómo las esferas conceptuales se tocan entre sí de muy diversas maneras y de ese modo dan margen para pasar arbitrariamente desde cada concepto a este o aquel otro. Lo único que no deseo es inducir con esta tabla a que se dé a esta pequeña explicación incidental más importancia de la que pueda tener por su naturaleza. Como ejemplo explicativo he elegido el concepto de viajar: su esfera se extiende dentro del ámbito de otras cuatro, a cada una de las cuales puede trasladarse el persuasor a voluntad: estas a su vez se propagan a otras esferas y algunas de ellas a dos o varias a la vez, por las cuales el persuasor toma su camino a voluntad, siempre como si fuera el único, y al final, según cuál sea su propósito, llega a lo bueno o lo malo. Al seguir las esferas únicamente hay que mantener siempre la dirección desde en centro (el concepto principal) hacia la periferia, pero nunca volver atrás. Tal sofisma puede estar revestido de un discurso continuado o de una estricta forma silogística, según lo aconseje el lado débil del oyente. En el fondo la mayoría de las demostraciones científicas, en especial las filosóficas, no se hacen de forma muy distinta: ¿Cómo sería si no posible que tantas cosas en diversas épocas hubieran sido no solo erradamente supuestas (pues el error mismo tiene otro origen), sino demostradas y probadas, y sin embargo después se hubiera descubierto que eran radicalmente falsas? Por ejemplo, la filosofía de Leibniz-Wolff, la astronomía de Ptolomeo, la química de Stahl, la teoría de los colores de Newton, etc., etc.[68].


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