El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I Por poca utilidad práctica que pueda tener la lógica, no se puede negar que se inventó a efectos prácticos. Su nacimiento me lo explico del siguiente modo: cuando entre los eleatas, los megáricos y los sofistas se había desarrollado cada vez más el gusto por la disputa hasta convertirse poco a poco casi en una adicción, la confusión en la que caían casi todas las disputas pronto hubo de hacerles sentir la necesidad de un proceder metódico para cuya instrucción hubo que buscar una dialéctica científica. Lo primero que se hubo de observar era que las dos partes disputantes siempre tenían que estar de acuerdo respecto de alguna proposición a la que se pudieran remitir los puntos conflictivos en la disputa. El comienzo del procedimiento metódico consistía en expresar formalmente como tal esa verdad comúnmente admitida y ponerla al frente de la investigación. Mas al comienzo esas proposiciones no afectaban más que al material de la investigación. Pronto se cayó en la cuenta de que también en el modo en que se retrocedía a la verdad comúnmente admitida y se pretendían derivar de ella las propias afirmaciones, se seguían ciertas formas y leyes acerca de las cuales, sin haber acuerdo previo, nunca se discrepaba; por lo que se vio que tenían que constituir el curso peculiar y esencial de la razón misma, el elemento formal de la investigación. Y aunque el tema no era susceptible de duda ni discrepancia, alguna mente sistemática hasta la pedantería tuvo la idea de que quedaría muy bonito y completaría la dialéctica metódica si esa parte formal de toda disputa, ese proceder regular de la razón misma, se expresara también en principios abstractos que, al igual que aquellos principios comúnmente admitidos en relación con la materia de la investigación, se pusiera al frente de la investigación como el canon fijo del disputar al que siempre había que volver la mirada y apelar. Al pretender de este modo que en adelante se reconociera conscientemente como ley y se expresara formalmente lo que hasta entonces se había seguido como por acuerdo tácito o ejercitado como por instinto, poco a poco se fueron encontrando expresiones más o menos perfectas para los principios lógicos, tales como el principio de contradicción, el de razón suficiente, el de tercio excluso, el dictum de omni et nullo[65], y luego las reglas especiales de la silogística como, por ejemplo, ex meris particularibus aut negativis nihil sequitur, a rationato ad rationem non valet consequentia[66], etc. Que eso se llevó adelante con gran lentitud y fatiga, y que hasta Aristóteles quedó muy incompleto, lo apreciamos en parte en la torpeza y prolijidad con que se sacan a la luz las verdades lógicas en algunos diálogos platónicos, pero todavía más en el informe de Sexto Empírico sobre las disputas de los megáricos acerca de las leyes lógicas más sencillas y simples, y el esfuerzo que les costaba esclarecerlas (Sexto Empírico, Adv. Math., libro 8, pp. 112 ss.). Pero Aristóteles reunió, ordenó y corrigió todo lo que se había descubierto previamente, llevándolo a una perfección incomparablemente superior. Si se observa de este modo cómo el curso de la cultura griega había preparado y dado lugar al trabajo de Aristóteles, menos inclinado se estará a creer las declaraciones de los autores persas que Jones, muy favorable a ellas, nos ha transmitido, a saber: que, entre los hindúes, Calístenes había inventado ya una lógica completa y se la había remitido a su tío Aristóteles (Asiatic researches, vol. 4, p. 163). — Puede comprenderse fácilmente que en la triste Edad Media al espíritu escolástico, ávido de disputas y alimentándose solo de fórmulas y palabras a falta de todo conocimiento real, la lógica aristotélica le hubiera de ser sumamente bienvenida, que se aferrara ansiosamente a ella incluso en su mutilación árabe y pronto la erigiera en el centro de todo saber. Pese a haber decaído desde entonces su prestigio, ha conservado hasta nuestra época la fama de una ciencia autónoma, práctica y sumamente necesaria: incluso en nuestros días la filosofía kantiana, que tomó de la lógica su piedra angular, ha despertado un nuevo interés por ella que, desde luego, merece a ese respecto, es decir, como medio para el conocimiento de la esencia de la razón.