El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I Conforme a todo esto, espero que no quede ninguna duda de que la evidencia de las matemáticas, convertida en modelo y símbolo de toda evidencia, no se basa esencialmente en demostraciones sino en la intuición inmediata que aquí, como en todo, constituye el fundamento último y la fuente de toda verdad. Sin embargo, la intuición que fundamenta la matemática tiene una gran ventaja sobre todas las demás, esto es, las empíricas. En efecto, puesto que es a priori y por lo tanto independiente de la experiencia, que siempre se da en forma fragmentaria y sucesiva, en ella todo es igualmente obvio y podemos partir a voluntad de la razón o de la consecuencia. Eso le da una completa infalibilidad, al conocerse en ella la consecuencia a partir de la razón, siendo este el único conocimiento que 92 posee necesidad: por ejemplo, la igualdad de los lados se conoce en cuanto basada en la igualdad de los ángulos; en cambio, toda intuición empírica, así como la mayor parte de la experiencia, solo sigue el camino inverso, desde la consecuencia a la razón; y esa forma de conocimiento no es infalible, ya que la necesidad solo conviene a la consecuencia en la medida en que la razón está dada, pero no al conocimiento de la razón a partir de la consecuencia, porque la misma consecuencia puede nacer de distintas razones. Esta última forma de conocimiento es siempre mera inducción: es decir, a partir de muchas consecuencias que señalan a una razón se acepta la razón como cierta; pero puesto que los casos no pueden estar nunca todos juntos, la verdad no es aquí incondicionalmente cierta. Este es el único tipo de verdad que posee la totalidad del conocimiento por intuición sensible y la mayor parte de la experiencia. La afección de un sentido ocasiona una inferencia del entendimiento del efecto a la causa; pero, dado que la inferencia de lo fundamentado al fundamento no es nunca segura, se hace posible, y con frecuencia real, la falsa apariencia como engaño de los sentidos, tal y como antes se explicó. Solo cuando varios o la totalidad de los cinco sentidos reciben afecciones que apuntan a la misma causa, la posibilidad de la ilusión se vuelve sumamente pequeña, pero aun así presente: pues en ciertos casos, por ejemplo, con las monedas falsas, se engaña a toda la sensibilidad. En el mismo caso se encuentra todo el conocimiento empírico, por consiguiente toda la ciencia natural, dejando de lado su parte pura (según Kant, metafísica). También aquí se conocen las causas a partir de los efectos: de ahí que toda teoría de la naturaleza se base en hipótesis que con frecuencia son falsas y que luego van poco a poco dejando lugar a otras más correctas. Solo en los experimentos realizados intencionadamente va el conocimiento de la causa al efecto, es decir, por el camino seguro: pero estos mismos no se acometen más que a consecuencia de hipótesis. Por eso ninguna rama de la ciencia natural, por ejemplo, la física, la astronomía o la fisiología, podía ser descubierta de una vez, como podían serlo la matemática o la lógica, sino que se necesitaba y se necesita la acumulación y comparación de las experiencias de varios siglos. Solo la múltiple confirmación empírica acerca a la perfección la inducción en la que se basa la hipótesis, hasta el punto de que en la práctica asume el lugar de la certeza, y a la hipótesis su origen no le supone un mayor perjuicio que a la aplicación de la geometría la inconmensurabilidad de las líneas rectas y curvas, o a la aritmética la imposibilidad de lograr la completa corrección del logaritmo: pues así como mediante infinitas fracciones acercamos infinitamente a la corrección la cuadratura del círculo y el logaritmo, también a través de múltiples experiencias la inducción, esto es, el conocimiento de la razón a partir de las consecuencias, se acerca a la evidencia matemática, es decir, al conocimiento de la consecuencia a partir de la razón; no infinitamente, pero sí al punto de que la posibilidad del engaño se hace lo bastante exigua como para poder obviarse. Mas existe: por ejemplo, un razonamiento inductivo es también aquel que va de casos innumerables a todos, es decir, propiamente a la razón desconocida de la que todos ellos dependen. ¿Qué razonamiento de esa clase parece más seguro que el de que todos los hombres tienen el corazón en el lado izquierdo? Sin embargo, y como excepciones sumamente raras y totalmente aisladas, existen hombres cuyo corazón se halla en el lado derecho. — Así pues, la intuición sensible y la ciencia empírica tienen la misma clase de evidencia. La ventaja que tienen frente a ellas la matemática, la ciencia natural pura y la lógica en cuanto conocimientos a priori se debe únicamente a que en estas se da total y simultáneamente la parte formal de los conocimientos en la que se basa toda aprioridad, y por eso aquí siempre se puede ir de la razón a la consecuencia, mientras que en aquellas la mayoría de las veces solo se puede ir de la consecuencia a la razón. Por lo demás, la ley de la causalidad o el principio de razón del devenir que guía el conocimiento empírico es en sí tan seguro como aquellas otras formas del principio de razón a las que obedecen aquellas ciencias a priori. — Al igual que el conocimiento por intuición a priori, también las demostraciones lógicas a partir de conceptos, los silogismos, tienen la ventaja de ir desde la razón a la consecuencia, con lo que en sí mismos, es decir, según su forma, son infalibles. Ello ha contribuido en gran medida a dar un prestigio tan grande a las demostraciones en general. Mas esa infalibilidad suya es relativa: ellas se limitan a subsumir bajo los principios supremos de la ciencia: pero son estos los que contienen todo el fondo de la verdad científica, y no pueden a su vez ser demostrados sino que han de fundarse en la intuición, la cual es pura en aquellas pocas ciencias a priori antes citadas, mientras que en las demás es siempre empírica y solo por inducción se ha elevado a la universalidad. Así pues, aunque en las ciencias empíricas lo individual se demuestra a partir del universal, este ha obtenido su verdad de lo individual y no es más que un almacén de existencias disponibles, no un fondo que se genere a sí mismo.