El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I Hasta aquí, en relación con la fundamentación de la verdad. — Respecto del origen y la posibilidad del error, se han intentado muchas explicaciones, comenzando por las soluciones alegóricas de Platón referentes a un palomar en el que se saca la paloma inadecuada, etc. (Teeteto, pp. 167 ss.). La explicación vaga e indefinida de Kant acerca del origen del error a través de la imagen del movimiento diagonal se encuentra en la Crítica de la razón pura, página 294 de la primera edición y 350 de la quinta. — Dado que la verdad es la referencia de un juicio a su razón cognoscitiva, es efectivamente un problema cómo el que juzga puede creer realmente que tiene tal razón sin tenerla, es decir, cómo es posible el error, el engaño de la razón. Yo encuentro esa posibilidad totalmente análoga a la de la ilusión o el engaño del entendimiento que antes se explicó. Mi opinión es, en concreto (y eso es lo que hace de este el preciso lugar de esta explicación), que todo error es una inferencia de la consecuencia a la razón, que es válida cuando se sabe que la consecuencia no puede tener más que aquella razón y ninguna otra; pero no en otro caso. El que yerra, o bien adjudica a la consecuencia una razón que no puede tener, con lo que muestra una verdadera falta de entendimiento, es decir, de capacidad de conocer inmediatamente la conexión entre causa y efecto; o bien, lo que es más frecuente, determina una razón posible para la consecuencia, pero añade como premisa mayor de su inferencia de la consecuencia a la razón que la mencionada consecuencia siempre surge exclusivamente de la razón por él indicada, para lo cual solo podría justificarle una inducción completa que él supone sin haberla hecho: aquel siempre es, pues, un concepto demasiado amplio en lugar del cual debería estar a veces o la mayoría de las veces; de este modo la conclusión resultaría problemática y en cuanto tal no sería errónea. El hecho de que quien yerra proceda de la manera indicada supone, bien una precipitación, o bien un conocimiento excesivamente limitado de la posibilidad, razón por la cual no conoce la necesidad de la inducción a realizar. El error es, pues, totalmente análogo a la ilusión. Ambos son inferencias de la consecuencia a la razón: la ilusión se lleva a cabo siempre según la ley de causalidad y por parte del mero entendimiento, o sea, inmediatamente en la intuición; el error lo efectúa la razón, es decir, el pensamiento propiamente dicho, conforme a todas las formas del principio de razón, pero con mayor frecuencia según la ley de la causalidad, como demuestran los tres ejemplos siguientes que pueden tomarse como tipos o representantes de tres tipos de errores: 1) La ilusión de los sentidos (engaño del entendimiento) produce el error (engaño de la razón), por ejemplo, cuando se ve una pintura como un alto relieve y se la toma realmente por tal; ello se produce mediante un razonamiento a partir de la siguiente premisa mayor: «Si el gris oscuro pasa localmente por todos los matices hasta el blanco, la causa es siempre la luz, que alcanza en distinta medida las prominencias y las depresiones: ergo —». 2) «Si me falta dinero en la caja, la causa es siempre que mi sirviente tiene una copia de la llave: ergo —». 3) «Si la luz solar refractada por el prisma, es decir, desplazada hacia arriba o abajo, antes aparecía redondeada y blanca, y ahora alargada y teñida, la causa es una vez y siempre que en la luz se han metido rayos homogéneos de distinto color y a la vez de distinta refracción, que, distanciándose debido a su diferente refracción, muestran ahora una imagen alargada y de distinto color: ergo — bibamus!»[84]. Todos los errores tienen que poderse reducir a un razonamiento a partir de una premisa mayor hipotética, con frecuencia falsamente generalizada, nacida de asumir una razón para la consecuencia; donde no ocurre esto es únicamente en los errores de cálculo, que no son propiamente errores sino simples faltas: la operación indicada por los conceptos de los números no se ha realizado en la intuición pura, los números, sino que se ha efectuado otra en su lugar.