El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I La visión total de la vida en su conjunto, en la que el hombre aventaja al animal gracias a la razón, se puede comparar también con un esquema geométrico, incoloro, abstracto y reducido de su curso vital. Con ello, él es al animal lo que el navegante, que por medio de la carta de navegación, el compás y el cuadrante conoce exactamente su viaje y su posición en el mar, al marinero inexperto que solo ve las olas y el cielo. Por eso es digno de reflexión y hasta asombroso cómo el hombre, junto a su vida in concreto, lleva además una segunda in abstracto. En la primera está entregado a todas las tempestades de la realidad y al influjo del presente, ha de afanarse, sufrir y morir como el animal. Pero su vida in abstracto tal y como se halla ante su reflexión racional es el reflejo callado de la primera y el mundo en el que vive es aquel esbozo reducido que se mencionó. Aquí, en el terreno de la tranquila reflexión, le parece frío, incoloro y ajeno al momento lo que allá le poseyó totalmente y le conmovió de forma violenta: aquí es un mero espectador y observador. En ese retirarse a la reflexión se asemeja a un actor que ha representado su escena y, mientras ha de volver a aparecer, toma asiento entre los espectadores; desde ahí contempla tranquilo todo lo que pudiera ocurrir, aun cuando se tratase de la preparación de su muerte (en la obra), pero luego vuelve a entrar para actuar y sufrir según ha de hacerlo. De esa doble vida procede aquella serenidad humana que tanto se diferencia de la irreflexión animal y con la cual uno, después de reflexionar, adoptar una resolución o conocer la necesidad, soporta o realiza fríamente lo que es más importante para él y con frecuencia lo más espantoso: el suicidio, la ejecución, el duelo, acciones arriesgadas de todas clases que ponen en peligro su vida y, en general, cosas contra las que se rebela toda su naturaleza animal. Ahí se ve entonces en qué medida la razón se convierte en señora de la naturaleza animal y grita al fuerte: σίδήρεων nú tül ητορ![87] (ferreum certe tibi cor!), II., 24, 521. Aquí, se puede realmente decir, la razón se muestra práctica: es decir, siempre que la acción es dirigida por la razón, que los motivos son conceptos abstractos, que lo determinante no son las representaciones intuitivas individuales ni la impresión del momento que dirige al animal, entonces se muestra la razón práctica. Pero que esta es totalmente distinta e independiente del valor ético del obrar; que el obrar racional y el obrar virtuoso son dos cosas totalmente diferentes; que la razón se puede encontrar unida tanto con una gran maldad como con una gran bondad y al asociarse a una como a la otra simplemente les otorga una gran eficacia; que se halla igualmente presta y solícita para la ejecución metódica y consecuente de los propósitos nobles y de los malvados, de las máximas prudentes y las insensatas, lo cual está ocasionado por su naturaleza femenina, que recibe y conserva pero no engendra por sí misma: todo eso lo he explicado detalladamente y lo he ilustrado con ejemplos en el Apéndice. Lo dicho allí tendría aquí su lugar propio, pero debido a la polémica contra la presunta razón práctica kantiana hubo de ser aplazado hasta ese lugar; a él remito desde aquí.