Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Asà como en sus grados superiores ese uso del intelecto dirigido a lo puramente objetivo fundamenta todas las producciones artÃsticas, poéticas y filosóficas, en él se basan también las producciones puramente cientÃficas en general; se encuentra ya en la comprensión y estudio de las mismas, como también en la reflexión libre, es decir, no concerniente a ningún interés personal, acerca de cualquier objeto. De hecho, él da vida incluso a la simple conversación cuando su tema es puramente objetivo; esto es, no se halla en relación alguna con el interés del hablante ni, por lo tanto, con su voluntad. Todo uso puramente objetivo del intelecto es al subjetivo, es decir, al que concierne al interés personal, por muy indirectamente que sea, lo que el bailar al caminar: porque es, como el danzar, un empleo de las fuerzas sobrantes que carece de fin. En cambio, el uso subjetivo del intelecto es siempre el natural, ya que el intelecto solamente ha nacido para el servicio de la voluntad. Mas justamente por eso tenemos tal uso en común con los animales: es el esclavo de la necesidad, lleva el sello de nuestra indigencia y nosotros aparecemos justamente en él como glebae adscripti. No se da únicamente en el trabajo y los negocios personales, sino también en todas las conversaciones sobre asuntos personales y en general materiales, como son la comida, la bebida y otras comodidades, además del lucro y lo que en él se incluye, junto con las ventajas de todas clases, aunque se refieran al ser más vulgar: pues el ser vulgar sigue siendo un ser vulgar. La mayorÃa de los hombres no son capaces de otro uso de su intelecto, ya que en ellos este es un simple instrumento al servicio de la voluntad y se consume totalmente en ese servicio sin que sobre nada. Precisamente eso les hace tan áridos, con esa seriedad animal, e incapaces de cualquier conversación que tenga un interés objetivo; también en su rostro se hace visible el estrecho vÃnculo entre intelecto y voluntad. La expresión de limitación que con frecuencia nos sale al paso de forma tan deprimente no indica más que la limitación de todo su conocer a los asuntos de su voluntad. Uno ve que solo hay el intelecto justo que necesita aquà la voluntad dada para sus fines, y nada más: a eso se debe la vulgaridad de su aspecto. (Véase El mundo como voluntad y representación vol. II, p. 380 [3.a ed., p. 443].) En consecuencia, también su intelecto se entrega a la inactividad en cuanto la voluntad no lo estimula. Ellos no tienen interés objetivo en nada. No dedican su atención, por no hablar de su reflexión, a ninguna cosa que no tenga relación, al menos posible, con su persona: lo demás no gana interés alguno para ellos. Ni siquiera son visiblemente estimulados por bromas o chistes, sino que odian todo lo que exija la más leve reflexión: a lo sumo les hacen reÃr las bromas groseras: en otro caso, son bestias serias: y todo porque solo son capaces de un interés subjetivo. Precisamente por eso el entretenimiento adecuado a ellos es el juego de naipes y, por cierto, con dinero; porque este no se mantiene, como el teatro, la música, la conversación, etc., en la esfera del mero conocimiento sino que pone en movimiento la voluntad misma, lo primario que en todas partes se ha de encontrar. Por lo demás son, desde el primero hasta el último aliento, hombres de negocios que cargan de manera innata con la vida. Todos sus placeres son sensoriales: para otros no tienen ninguna sensibilidad. Se debe hablar con ellos en los negocios y nada más. La vida social con ellos es una degradación, un verdadero vulgarizarse. Sus conversaciones son lo que Giordano Bruno (al final de la Cena delle ceneri) designa como vili, ignobili, barbare ed indegne conversazioni[97] que él se promete a sà mismo evitar escrupulosamente. Por el contrario, la conversación entre gente que es de algún modo capaz de un uso puramente objetivo de su intelecto, por muy sencilla que sea su materia y aunque termine en una mera broma, constituye ya un libre juego de fuerzas intelectuales, y es asà a la de aquellos otros lo que el bailar al caminar. Tal conversación es de hecho como cuando dos o varios bailan unos con otros, mientras que aquella se asemeja a un simple marchar juntos o unos detrás de otros a fin de llegar.