Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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Esa tendencia al uso libre —y, por lo tanto, anómalo— del intelecto, siempre vinculada a la capacidad para él, alcanza en el genio un grado en el que conocer se convierte en lo principal, en el fin de toda la vida; la propia existencia, en cambio, se reduce a una cuestión accesoria, a simple medio; así que la relación normal se invierte por completo. Por consiguiente, el genio, tomado en conjunto, vive más en el resto del mundo a través de la captación cognoscitiva del mismo que en su propia persona. El incremento anómalo de las fuerzas cognoscitivas le quita la posibilidad de llenar su tiempo con la sola existencia y sus fines: su espíritu necesita una ocupación más constante e intensa. Por eso le falta aquella serenidad al conducirse por las amplias escenas de la vida cotidiana y aquella cómoda asimilación a esta que tienen los hombres corrientes, los cuales soportan con verdadero placer incluso su parte meramente ceremonial. En consecuencia, también para la vida corriente y práctica, tan adecuada a las fuerzas espirituales normales, el genio es una mala dotación y, como cualquier anomalía, un obstáculo. Pues con ese incremento de las fuerzas intelectuales, la captación intuitiva del mundo externo ha alcanzado tanta claridad objetiva y ofrecido tal exceso respecto de lo necesario para el servicio de la voluntad, que esa riqueza se convierte directamente en obstáculo de aquel servicio; porque la consideración de los fenómenos dados en cuanto tal y en sí misma siempre se separa de la consideración de sus relaciones recíprocas y con la voluntad individual, de modo que la captación serena perturba y obstaculiza a esta. Para el servicio de la voluntad es suficiente una consideración de las cosas totalmente superficial que no ofrezca más que sus relaciones con nuestros eventuales fines y lo relacionado con ellos y que, por ende, consista en simples relaciones con la mayor ceguera posible hacia todo los demás: esa clase de conocimiento es debilitada y perturbada por una captación objetiva y completa de la esencia de las cosas. Ahí se acredita, pues, la sentencia de Lactando: vulgus interdum plus sapit: quia tantum, quantum opus est, sapit[98] (Lact. divin, institut. L. Ill, c. 5).


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