Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Pues que el cerebro sea un simple trabajador al servicio del vientre es, desde luego, la suerte común de casi todos los que no viven del trabajo de sus manos, y ellos saben conformarse con eso. Pero para las grandes mentes, es decir, para aquellas cuyas fuerzas cerebrales exceden la medida necesaria para el servicio de la voluntad, eso es algo desesperante. Por eso, una mente tal preferirá en caso necesario vivir en la situación más apurada, si ello le garantiza el libre uso de su tiempo para desarrollar y aplicar sus fuerzas, es decir, el ocio inestimable para él. Otra cosa ocurre con la gente vulgar, cuyo ocio carece de valor objetivo e incluso le supone algún riesgo: ella parece sentirlo así. Pues la técnica de nuestra época, que ha alcanzado una altura inaudita, al multiplicar y aumentar los objetos del lujo ofrece a los agraciados por la fortuna la elección entre más ocio e instrucción intelectual, por un lado, y más lujo y buena vida con una esforzada actividad, por otro: lo característico es que elijan de ordinario lo último y prefieran el champán al ocio. También es lógico: pues cualquier esfuerzo intelectual que no sirva a los fines de la voluntad es para ellos una necedad, y a la inclinación por él la llaman excentricidad. Según ello, la persistencia en los fines de la voluntad y del vientre sería la concentricidad: sin duda la voluntad es también el centro y el núcleo del mundo.