Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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La diferencia entre cosa en sí y fenómeno se puede expresar también como diferencia entre el ser subjetivo y objetivo de una cosa. Su ser puramente subjetivo es justo la cosa en sí: pero esta no es un objeto del conocimiento. Pues a un objeto tal le es esencial existir siempre en una conciencia cognoscente como representación suya: y lo que ahí se representa es justamente el ser objetivo de la cosa. Este es, en consecuencia, objeto del conocimiento: mas en cuanto tal es mera representación; y puesto que únicamente puede serlo por medio de un aparato representativo que ha de tener su propia naturaleza y las leyes que de ella surgen, aquel objeto es un mero fenómeno que puede hacer referencia a una cosa en sí. Esto vale también allá donde hay una autoconciencia, es decir, un yo que se conoce a sí mismo. Pues también este se conoce únicamente en su intelecto, es decir, en su aparato representativo: a través del sentido externo se conoce como figura orgánica; a través del interno, como voluntad cuyos actos ve repetir a aquella figura con la misma simultaneidad con que los de esta son reproducidos por sus sombras; de ahí infiere la identidad de ambas y la denomina «yo». Mas debido a ese doble conocimiento, como también a la gran proximidad en la que se halla aquí el intelecto respecto de su origen o raíz —la voluntad—, el conocimiento del ser objetivo (el fenómeno) difiere aquí del conocimiento del ser subjetivo (el de la cosa en sí) mucho menos que en el caso del conocimiento a través del sentido externo o de la conciencia de las otras cosas en oposición a la autoconciencia. Esta, en efecto, en la medida en que conoce exclusivamente mediante el sentido interno, está vinculada solo a la forma del tiempo y no a la del espacio, que es, junto con la distinción de sujeto y objeto, lo único que la separa de la cosa en sí.


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