Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Precisamente por eso el panteísmo supone el teísmo como antecedente suyo: pues solo en la medida en que se parte de un Dios, es decir, se lo tiene ya de antemano y resulta una idea familiar, se puede llegar finalmente a identificarlo con el mundo, en realidad con el fin de eliminarlo de una forma decorosa. En efecto, no se ha partido imparcialmente del mundo como algo que se ha de explicar, sino de Dios como algo dado: pero después no se sabía ya a dónde ir con él, y su papel lo ha tenido que asumir el mundo. Ese es el origen del panteísmo. Pues a nadie se le ocurrirá de antemano y de forma imparcial considerar este mundo un dios. Está claro que tendría que ser un dios mal aconsejado aquel al que no se le ocurriera mejor diversión que transformarse en un mundo como el presente, un mundo tan hambriento, para ahí, en la forma de innumerables millones de seres vivos, pero angustiados y atormentados, que existen un instante a base de devorarse unos a otros, sufrir miseria, necesidad y muerte sin medida ni fin; por ejemplo, en la forma de seis millones de esclavos negros, recibir a diario un promedio de sesenta millones de latigazos a cuerpo desnudo y, en la forma de tres millones de tejedores europeos, con hambre y aflicción vegetar extenuados en húmedas habitaciones o lóbregas fábricas, y cosas similares. ¡Buen entretenimiento para un dios que, en cuanto tal, tendría que estar acostumbrado a algo totalmente distinto[136]!.