Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Mas en verdad no hay ni espíritu ni materia, pero sí mucho absurdo y delirio en el mundo. La tendencia gravitatoria en la piedra es exactamente tan inexplicable como el pensamiento en el cerebro humano, así que, por esa razón, también se podría inferir un espíritu en la piedra. A aquellos disputantes yo les diría: creéis conocer una materia muerta, es decir, totalmente pasiva y sin cualidades, porque os figuráis que entendéis realmente todo lo que sois capaces de reducir a acción mecánica. Pero así como reconocéis que las acciones físicas y químicas son incomprensibles mientras no podáis reducirlas a acciones mecánicas, también esas acciones mecánicas, es decir, las manifestaciones que surgen de la gravedad, la impenetrabilidad, la cohesión, la dureza, la rigidez, la elasticidad, la fluidez, etc., son tan misteriosas como aquellas e incluso como el pensar en la mente humana. Si la materia puede caer a la tierra sin que sepáis por qué, también puede pensar sin que sepáis por qué. En la mecánica lo comprensible de forma pura y absoluta, hasta el final, no va más allá de la parte meramente matemática de cada explicación, así que está limitado a las determinaciones de espacio y tiempo. Mas estos dos junto con toda su legalidad nos son conocidos a priori, son por lo tanto meras formas de nuestro conocer y pertenecen en exclusiva a nuestras representaciones. Así pues, sus determinaciones son en el fondo subjetivas y no afectan a lo puramente objetivo, a lo independiente de nuestro conocimiento, a la cosa en sí misma. Pero en cuanto avanzamos en la mecánica más allá de lo puramente matemático, en cuanto llegamos a la impenetrabilidad, la gravedad, la rigidez, la fluidez o la gaseidad, entonces nos las vemos con manifestaciones que nos resultan tan misteriosas como el pensar y el querer del hombre, es decir, con lo directamente insondable: pues eso es toda fuerza natural. ¿Dónde queda entonces aquella materia que conocéis y comprendéis tan íntimamente que pretendéis explicarlo todo por ella, reducirlo todo a ella? — Solo lo matemático es puramente comprensible y sondeable por completo, porque es lo que radica en el sujeto, en nuestro propio aparato representativo: pero en cuanto se presenta algo verdaderamente objetivo, algo no determinable a priori, inmediatamente es insondable en última instancia. Lo que perciben el sentido y el entendimiento es un fenómeno totalmente superficial que deja intacta la esencia verdadera e íntima de las cosas. Eso sostuvo Kant. Pero si admitís en la mente humana un espíritu como Deus ex machina[139], entonces, como se dijo, tenéis que atribuir también un espíritu a todas las piedras. En cambio, si vuestra materia muerta y puramente pasiva puede, en la forma de gravedad, sentirse atraída o, como electricidad, atraer, repeler y echar chispas, también puede, en cuanto sustancia cerebral, pensar. En suma, a todo presunto espíritu se le puede atribuir materia, pero también a cualquier materia se le puede atribuir espíritu; de donde resulta que la contraposición es falsa.