Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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La analogía arroja como resultado una fuerte presunción en favor de la visión de la naturaleza de Locke: que todo lo que nuestros sentidos perciben en los cuerpos como cualidad (las cualidades secundarias de Locke) no es en sí mismo más que la diversidad de lo cuantitativo, en concreto, el simple resultado de la impenetrabilidad, la magnitud, la forma, el reposo o movimiento y el número de las partes más pequeñas; cualidades estas que Locke mantuvo como las únicas objetivamente reales, llamándolas por ello cualidades primarias, es decir, originales. En los tonos eso se podía demostrar directamente por el simple hecho de que aquí el experimento permite cualquier extensión, ya que podemos hacer vibrar cuerdas largas y gruesas, y contar sus lentas vibraciones: pero lo mismo ocurría con todas las cualidades. La idea se trasladó en primer lugar a la luz, cuya acción y coloración se deduce de un éter totalmente imaginario y se calcula con total exactitud; unas colosales fanfarronadas y bufonadas que, expuestas con inaudita osadía, son repetidas especialmente por los más ignorantes de la república de los eruditos, con una confianza y seguridad tan pueriles que habría que pensar que han visto realmente y tenido en sus manos el éter, sus vibraciones, los átomos y cualesquiera otras gracias. — De esa visión resultarían después consecuencias en favor del atomismo como el que impera en especial en Francia, pero que también se propaga por Alemania favorecido por la estequiometría química[141] de Berzelius (Pouillet [Eléments de physique experimentale et de météorologie] I, p. 23). Seria superfluo entrar aquí a refutar el atomismo en detalle, ya que a lo sumo puede valer como una hipótesis indemostrada.


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