Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Los átomos químicos son simplemente la expresión de las relaciones fijas y constantes en las que se combinan los elementos; expresión que, al tener que formularse en cifras, se ha basado en una unidad tomada a discreción: el peso del quantum de oxígeno con el que se combina cada elemento. Pero para esa relación de peso se ha elegido, de manera muy desafortunada, la antigua expresión átomo; y de aquí ha nacido, de mano de los químicos franceses, que no han aprendido nada más que su química, un craso atomismo que toma el asunto en serio, realiza una hipóstasis de aquellas simples fichas convirtiéndolas en átomos reales, y habla en el sentido de Demócrito de su agrupación (arrangement) en un cuerpo de esta manera, y en aquel de esta otra, para explicar a partir de ahí sus cualidades y diferencias; ello, sin tener la menor idea de lo absurdo de la cuestión. Va de suyo que tampoco en Alemania faltan boticarios ignorantes que «decoran las cátedras» y siguen los pasos de aquellos; y no nos debe sorprender que en los compendios, de forma directamente dogmática y totalmente en serio, como si realmente supieran algo al respecto, enseñen a los estudiantes que ¡«la cristalización de los cuerpos tiene su razón en una ordenación rectilínea de los átomos»! (Wohler, Elementos de química tomo I, química inorgánica, p. 3). Esa gente habla el mismo idioma que Kant y desde la juventud ha oído pronunciar su nombre con veneración, y sin embargo nunca ha pegado la nariz a su obra. A cambio tenían que lanzar al mercado tales bufonadas escandalosas. — Pero se podría hacer una buena obra (une charité) a los franceses traduciéndoles con acierto y rigor los Principios metafísicos de la ciencia natural de Kant a fin de curarles, si es posible, de la recaída en aquel democritismo. Como ilustración se podrían incluso añadir algunos pasajes de las Ideas sobre la filosofía de la naturaleza de Schelling: por ejemplo, los capítulos tercero y quinto del segundo libro; pues aquí, como siempre que Schelling se halla a hombros de Kant, dice mucho de bueno y digno de consideración.